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La tolerancia de la archidiócesis de Boston

El caso John Geoghan contribuyó a que la archidiócesis de Boston, que con dos millones de feligreses es la de mayor peso de la Iglesia católica en EE UU, se convirtiese en el ojo del huracán del escándalo por pederastia que ha azotado la Iglesia católica desde enero de 2002. Fue entonces cuando se filtraron a la prensa las denuncias de centenares de víctimas.

Ahora se sabe que sólo en las últimas dos décadas 866 sacerdotes han sido acusados por abusos sexuales, lo que ha valido la expulsión o suspensión a otros 570. La pederastia de sus clérigos le ha costado, por ejemplo, a la diócesis de Manchester (Nuevo Hampshire) el pago de indemnizaciones por valor de cinco millones de euros a 62 personas víctimas de unos 60 sacerdotes, entre 1955 y 1985. En la archidiócesis de Chicago (EE UU), casos similares han costado a la Iglesia católica 17 millones en los últimos diez años.

Pero la ley del silencio que la jerarquía eclesiástica impuso en este asunto fue especialmente implacable en Boston y ello, según la propia Conferencia Episcopal estadounidense, es lo que explica que junto al caso Geoghan, prosperasen otros historiales delictivos sonados como el de Paul Shanley o Robert Meffan, que solía atraer a la sacristía a niñas adolescentes que querían ser monjas y las convencía de que los actos sexuales eran necesarios para progresar espiritualmente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de agosto de 2003