Si eres un inmigrante negro y has llegado en patera a la que creías tierra prometida, debes dar las gracias por haber sobrevivido a tan dura travesía y a los negreros que te trataron como una mercancía. Ahora, con suerte, podrás trabajar clandestinamente en semi-esclavitud a la espera de esos papeles, que no sabes si algún día llegarán. Con mala suerte darás con tus huesos en un calabozo, antes de ser enviado de nuevo al infierno de miseria de donde procedes.
Si eres un inmigrante de piel y ojos claros, y llegas en avión, con una maleta repleta de dinero, estás de suerte, y has venido al lugar adecuado. Alfombra roja y banda de bienvenida. La costa mediterránea puede ser un buen sitio para instalarse. La tierra de las oportunidades. Lo primero que debes hacer es invertir todo ese dinero en un par de bloques de apartamentos o una urbanización en la costa. Con suerte podrás venderlo en poco tiempo al doble de precio viendo como tu dinero se multiplica a la vez que queda resplandeciente. Los papeles, en tu caso, no son un problema. Quizá, incluso, puedas soñar con dedicarte a la política algún día, quien sabe.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de agosto de 2003