Acabo de disfrutar de unos días de vacaciones en Llívia (Cerdanya). Siendo este enclave un lugar tranquilo y apacible hasta ahora, no puedo decir lo mismo en cuanto a sensación de (in)seguridad ciudadana. Me comentaron los residentes que se producían últimamente actos vandálicos en sus calles -a mí me rompieron la antena del coche y a mi sobrino, el retrovisor-, incluso en el cementerio, y que no hay manera de evitarlos por falta de vigilancia policial. En el último suceso hubo que lamentar un herido.
A pesar de las denuncias y las llamadas a la autoridad policial correspondiente, los Mossos d'Esquadra, no ha habido ni siquiera una presencia física preventiva durante unos días, lo cual supone la impunidad para los actuantes. Ningún día -he estado 16- vi una patrulla motorizada o a pie del referido cuerpo policial. Eso sí, en la rotonda de entrada a Puigcerdà se les puede ver a diario multando vehículos, pero claro esto comporta unos ingresos recaudatorios y es más rentable.
Llívia tenía un cuartelillo de la Guardia Civil y siempre podía encontrarse a una pareja cuando menos se esperaba... Qué paradójico que en el año 2003 añoremos esa presencia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2003