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Crónica:FÚTBOL | Segunda jornada de Liga

El Atlético recupera la autoestima

El conjunto rojiblanco vence al Albacete sin un gran juego, pero con una confianza creciente en sí mismo

El Atlético ha decidido que este curso es más guapo y más alto que el anterior. Y los jugadores, en el campo, se lo creen. No salen atemorizados, empequeñecidos, mirando las gradas con terror. El Atlético ha recuperado la autoestima y ya no siente complejo de culpa ante su hinchada. Que no es poco. Anoche, desde luego, no inventó la pólvora. Incluso jugó más mal que bien. Pero al menos saltaron chispas y se apreció que la disposición de los elementos para conseguir hacer fuego es la correcta. Fogonazos aislados de Torres, como siempre, pero también de Musampa y Jorge, que marcó un magnífico gol de falta directa y se resiste a ser el sacrificado cuando se recupere Ibagaza. Detalles de Ortiz, algún gesto de Novo...

ATLÉTICO 1 - ALBACETE 0

Atlético: Burgos; Ortiz, García Calvo, Lequi, Pinola; Simeone; Novo, Jorge (De los Santos, m. 83), Musampa (Nano, m. 68); Rodrigo (Paunovic, m. 61); y Fernando Torres.

Albacete: Roa; Montiel, Pablo, Unai, Peña; Parri (David Pérez, m. 59), Viaud; Lawal, Díaz, Delporte (Pablo García, m. 71); y Ferrari (Amato, m. 65).

Goles: 1-0. M. 49. Falta lejana que lanza Jorge a media altura y ajustado al palo izquierdo de Roa.

Árbitro: Pérez Burrull. Amonestó a Unai, Lawal y Ortiz.

Unos 54.000 espectadores en el Vicente Calderón.

Y es que el equipo rojiblanco, bastante trabajado tácticamente, funcionó como uno de esos recorridos con fichas de dominó que caen unas sobre las otras y dibujan una figura armoniosa. Pero con un defecto. Hubo dos fichas capitales en el trayecto que atragantaron a la serpiente y la detuvieron abruptamente. Fueron Simeone y Rodrigo.

El primero, porque no consigue abarcar toda la línea del horizonte medular que le corresponde tapar. El argentino sigue siendo muy valioso en muchas facetas del juego y ha sido vital para que los rojiblancos crean en sus posibilidades, pero atasca la salida del balón y no es capaz de contener al rival cuando sale de la cueva y organiza el contraataque. El segundo, mucho peor, porque no entiende el juego más allá de la acción individual. No tira desmarques y no ve a los compañeros desmarcados. No es capaz de vislumbrar más allá de los ribetes de sus botas y de los adornos del balón. Fue el primer cambio de Gregorio Manzano, que le mandó a la caseta a los diez minutos del segundo tiempo. Paunovic, su sustituto, sin brillar en exceso, al menos tuvo una visión más generosa del juego.

El resto del equipo, sin hacer nada del otro mundo, sí que mostró una nueva disposición a la armonía. Al juego con sentido. Ortiz, por ejemplo, falló muchos pases y se embarulló en todas las batallas de piernas que encontró, pero casi todo lo que intentó era alentado por un propósito concreto. Una idea. Un patrón al que agarrarse en las momentos en los que no se recibe la ayuda de la inspiración.

Porque eso, el talento, es cosa de Torres. El delantero fue el protagonista de casi todas las ocasiones de gol. Una, en el minuto 2. Pero prefirió tirarse ante Roa a continuar una jugada de gol. Otra, en el 16, cuando controló un balón largo de Lequi con el pecho y fue trabado en la frontal cuando se disponía a engatillarlo. Otra más, en el 54, cuando remató de volea desde el área pequeña y el balón salió alto. Otra, en el 81, al rematar un centro de Simeone... Eso, a pesar de sentir siempre la cercanía del internacional Pablo, que no le hizo un estricto marcaje individual, pero le dedicó una atención preferente.

También Musampa, que durante la pretemporada no se había mostrado en exceso, evidenció que sabe de qué va su oficio. Que sabe campar por su banda, la izquierda y que sabe centrar. Aunque mantuvo durante todo el tiempo que estuvo en el campo una cierta tendencia a meterse por el centro. Nano, que le sustituyó, también supo sacar partido del tiempo del que dispuso y un centro suyo, en el minuto 80, a Jorge se convirtió en la mejor ocasión del partido. El canario, desde el área pequeña, lanzó en carrera el balón contra el cuerpo de Roa.

El Albacete también tuvo una idea. Pero le faltaron jugadores para llevarla a cabo. Su propuesta, bastante fecunda en el Calderón la temporada pasada para los equipos modestos, era aguantar con orden y, poco a poco, ir saliendo a la contra, aprovechando el inevitable desconcierto y la no menos inevitable depresión rojiblancas. Ferrari, más conocido como Cacá, el amigo de Ronaldo, chutó en un par de ocasiones sin demasiado peligro, aunque no se movió mal entre los centrales rojiblancos. Lawal rompió la cintura con unos quiebros muy aparentes a Pinola, pero luego sus centros se marcharón a las vallas. Y sólo Díaz, con un lanzamiento lejano desde la frontal, puso al Mono Burgos en apuros. Apuros solventados con la habitual teatralidad del argentino, que sacó el balón a córner con la manopla cambiada.

El Atlético ha recuperado algo más importante que el juego: la confianza en sí mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2003