Tomamos cumplida nota de la iniciativa de la señora María Olasagasti [carta publicada el pasado día 26]. Está claro que no le falta imaginación. Tampoco a nosotros sentido del humor, si bien todo tiene un límite, máxime cuando hablamos de la rentabilidad social del ocio, de la diversión y armonizarlos con quienes no están interesados en ello.
Estamos hablando de fiestas, sí, pero ha de saber que el Ayuntamiento se lo toma en serio. Usted podrá frivolizar cuanto quiera y quizás alguno incluso le podrá reír la gracia, pero lo cierto es que con todo el sentido autocrítico, pero también con toda la ilusión y la ambición, diseñamos todos los años un programa festivo que trata de contentar al más amplio espectro de público posible.
Más allá de la ironía contenida en su propuesta, existen algunas premisas que de cara al concurso de ideas deberían quedar claras: la primera es que desde el consistorio no nos planteamos comparaciones innecesarias con los sanfermines, sino que tratamos de proyectar un programa de acuerdo con la idiosincrasia de nuestra ciudad.
La segunda es que no vamos a emplear para estos menesteres el dinero destinado a inversiones y proyectos que, como el de Cristina-Enea, quedan paralizados por la oposición, en cuyo caso tendríamos las fiestas mas lujosas del mundo mundial, pero no parece que se trate de eso.
Por de pronto nos conformamos con recoger las propuestas constructivas e incrementar los presupuestos de acuerdo a un reparto equitativo en función de las necesidades a cubrir desde el Ayuntamiento.
Por cierto, una última cosa: ¿se le ha ocurrido pensar en Pakito? Entre el efecto del galipot y sus ocurrentes placas de metacrilato mucho nos tememos que lo vayan a ahogar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2003