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OPINIÓN DEL LECTOR

En camilla por la feria

Tener que ser trasladado en ambulancia para realizarse una prueba estando ingresado en el hospital, ya es de por sí un trastorno para el paciente que lo padece, pero esto se agrava si, además, está aquejado de una inmovilidad que lo afecta a la mitad del cuerpo y no lo acompaña personal sanitario, sólo el trabajador de la ambulancia y, en este caso, otro paciente que compartía vehículo para el mismo menester.

En el hospital Clínico no hay todavía resonancia magnética, por lo que mi suegra fue enviada al centro de la plaza de la Constitución para que se la realizaran. Para el traslado, la paciente pasa de una silla de ruedas en la que la llevan a la ambulancia a una camilla en la que la pasean por dos calles céntricas en plena feria, rodeada de música estridente, alboroto y trajes de faralaes, porque el vehículo no puede acceder a la entrada del centro de diagnóstico, y la camilla tiene que recorrer dos calles entre el tumulto y las aglomeraciones.

Entendiendo que para determinadas pruebas halla que desplazar a mi suegra fuera del hospital, lo que no me cabe en la cabeza es que a nadie se le ocurra que todos los centros deben tener las mismas condiciones de accesibilidad. Incluso podrían habérsela realizado en otro hospital.

Ojalá seamos capaces, entre todos, de que la tan cacareada frase de que el "usuario es el eje del sistema sanitario", se convierta, alguna vez, en realidad, y si mi suegra no ha podido ser protagonista del eslogan, nuestros hijos sí lo sean en un futuro cercano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003