La industria de la música cumplió ayer sus amenazas al demandar a 261 internautas de Estados Unidos por copiar y distribuir ilegalmente miles de canciones por Internet. Es el último y más drástico esfuerzo de las discográficas por luchar contra la piratería, una iniciativa arriesgada que continuará con una costosa e incierta batalla legal que empezó hace tres años contra el servidor Napster. La Asociación de la Industria Discográfica de América (en inglés RIAA), también anunció un plan de amnistía para los usuarios que se comprometan a respetar las leyes sobre derechos de autor.
La RIAA, que incluye los cinco grandes, Vivendi Universal, Sony Music, Warner Music, BMG y EMI, presentó la primera ola de demandas en varios tribunales del país. Los 261 usuarios, que fueron elegidos por el volumen de sus archivos (más de mil canciones), podrían enfrentarse a multas de hasta 150.000 dólares por cada infracción.
La ofensiva legal espera sobre todo tener un efecto disuasorio. Las discográficas no pretenden sentar a todos los internautas en el banquillo, sólo darles miedo. Se estima que sólo en Estados Unidos, 60 millones de personas se conectan regularmente a servidores que permiten intercambiar por la red todo tipo de contenidos musicales, e incluso películas, sin pagar derechos de autor.
"A nadie le gusta recurrir a este tipo de acciones legales pero cuando se roban constantemente nuestros productos, llega un momento en que es necesario tomar medidas", dijo la presidenta de la RIAA, Cary Sherman, que también advirtió que la asociación podría presentar más denuncias.
Siguiendo la política del palo y la zanahoria, la RIAA anunció simultáneamente un programa de amnistía para los usuarios que se comprometan por escrito a no seguir accediendo a los portales de música gratis y borrar sus archivos. "Es nuestra versión del ramo de oliva", dijo Sherman. La amnistía sin embargo sólo es válida para las personas que no hayan sido investigadas.
La ofensiva de la industria fue largamente anunciada. El pasado abril, la RIAA mandó mensajes a los usuarios de Kazaa y Groskster advirtiéndoles de que estaban "intercambiando música protegida por los derechos de autor". El aviso se produjo semanas antes de que un tribunal de apelaciones obligara a los proveedores a identificar a quienes usaran la Red de forma ilegal.
A lo largo del verano, algunos usuarios prefirieron negociar y pagar multas de entre 3.000 a 10.000 dólares anticipando las previsibles demandas. La RIAA ha recurrido a esta nueva táctica tras sus numerosos fracasos por intentar cerrar Kazaa y Morpheus, dos de los servidores más populares. Una reciente sentencia de un tribunal de Los Angeles determinó que las páginas web no podían ser juzgadas responsables de los contenidos que se intercambiaban en su plataforma. La batalla contra la piratería por internet empezó hace algo más de tres años cuando la industria decidió acabar con Napster, el servidor que descubrió y desveló las infinitas posibilidades de intercambiar música por la Red. Tras un largo enfrentamiento legal, Napster, que fue adquirido por BMG, tuvo que cerrar, pero decenas de páginas, más sofísticadas, ocuparon su lugar.
Hasta ahora los intentos de la industria por crear plataformas musicales se han saldado en fracasos. No es sólo una cuestión de dinero. A raiz de sus ataques contra los internautas, la industria de la música es cada vez más impopular entre su clientela más jóven, la más codiciada. Los principales sellos calculan que el año pasado perdieron un 7% en ventas (en total 32.000 millones de dólares), 25% desde 1999, por la piratería cibernética.
La idea de atacar directamente al usuario fue ayer muy criticada. "Han elegido tratar a los consumidores como criminales, intentando obligarles a volver a las tiendas de discos", comentó ayer Jason Schultz, de la Electronic Frontier Foundation (EFF), una organización que se dedica a la defensa a defendor los derechos del usuario digital.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003