Brasil tiene la sana capacidad de regenerar su nómina de buenos futbolistas, y la mantiene por encima de modas variables, dirigentes de escasa competencia o resultados puntuales. Las jóvenes promesas surgen espontáneamente por igual en las playas o en los humildes solares escondidos en los barrios de favelas. Pero también en algunos enclaves de clase alta, la versión más elitista de grandes urbes como Sao Paulo. De ahí acaba de saltar a Europa un joven media punta de 21 años que responde al apodo de Kaká y que ya ha comenzado a dar alegrías en su nuevo club, el Milan, y en la selección brasileña, con la que el pasado domingo marcó un bello gol, el de la victoria (1-2) en Barranquilla ante Colombia. Hijo de un ingeniero civil y una maestra, a Ricardo Izecson (Brasilia, 1982) se le conoce como Kaká, un apelativo familiar. Con fama de buen chico que nunca se metió en líos, de carácter dúctil y evangélico practicante, las secretarías técnicas europeas ya seguían de cerca la notable evolución de un jugador del que Brasil empezó a tener noticias a comienzos de 2001. El técnico del Sao Paulo, Oswaldo Álvarez Vadao (que en su día potenció decisivamente la carrera de Rivaldo), hurgaba en la cantera del club buscando un objetivo imposible: alguien que sustituyera nada menos que al insigne Raí, que acababa de colgar las botas. Se acabó fijando en un chico espigado y miope que era suplente en el equipo juvenil. Un año antes se golpeó la cabeza en una piscina, fracturándose una vértebra cervical, una lesión que no le dejó secuelas.
Kaká rápidamente apuntó grandes detalles, como hiciera poco después en el Mundial sub 20. Desde entonces su fútbol sigue creciendo tanto como los elogios a su figura: "No busquen más jugadores como Kaká. Aparece uno cada 30 años", dijo Parreira pocos meses antes de volver al banquillo de la selección en una transparente declaración de intenciones. "Me encantan Diego y Robinho, esos jóvenes atrevidos del Santos, pero Kaká es el mejor jugador que actúa en la Liga brasileña", apuntó Tostao. El prestigioso cronista Armando Nogueira escribió: "Dónde la mayoría de jugadores ve un callejón sin salida, Kaká divisa la línea del horizonte".
¿Qué tiene Kaká para armar tanto ruido? Un envoltorio físico privilegiado (mide 1,85 y los tratamientos médicos y fisiológicos han logrado dejar atrás su antigua delgadez para llegar ahora a los 80 kilos), una zancada amplísima y potente que le permite marcar diferencias en la arrancada y el cambio de ritmo, una conducción del balón tan precisa como elegante y, sobre todo, una acentuada agilidad mental. Con el balón en los pies piensa y ejecuta con una facilidad pasmosa. Jugando en la media punta es tan válido para asistir como para buscar el remate.
Ahora, en el Milan y en la selección, ya no sólo le exigen que supla la baja forma de Rivaldo. Le han nombrado su heredero natural. En el club milanés debutó en la primera jornada como titular, mientras Rivaldo y Rui Costa calentaban el banquillo. Kaká era una inversión de futuro. Pues bien, parece que el futuro ha llegado mucho antes de lo previsto.
Grupo Suramérica Mundial 2006. 1ª jornada. Perú, 4; Paraguay, 1. Ecuador 2; Venezuela, 0. Argentina, 2; Chile, 2. Uruguay, 5; Bolivia, 0. Colombia, 1; Brasil, 2 (Ronaldo y Kaká). Clasificación: Uruguay, Perú, Brasil y Ecuador, 3 puntos. Argentina y Chile, 1. Venezuela, Paraguay, Bolivia y Colombia, 0.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003