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Un comité culpa al sistema sanitario francés de las muertes por calor

11.435 personas murieron por la canícula, según el informe oficial

Un comité de expertos certificó ayer el fracaso del sistema sanitario francés durante julio y agosto pasados, cuando 11.435 personas murieron a causa de la ola de calor, según cifras provisionales que podrían ser elevadas a 15.000. El comité afirma que se produjo una "catástrofe sanitaria única en la historia epidemiológica", y reconoce que los indicios se acumularon desde el 6 de agosto, aunque Sanidad no lanzó la alerta hasta el 14 de ese mes.

La tragedia ha sido tan enorme que el Gobierno y el Parlamento franceses están haciendo un esfuerzo para auditar las causas de lo sucedido. El comité en cuestión trabaja para el ministro de Sanidad, Jean-François Mattei, a quien naturalmente no responsabiliza de las muertes, que hasta ahora sólo se han cobrado el cese de un director general de su departamento.

Los autores extienden las culpas al mal funcionamiento global de las administraciones públicas, entre ellas el Instituto de Vigilancia Sanitaria, que no alertó de nada mientras los ancianos se morían a millares.

El informe descubre "la ausencia total de investigación sobre el clima en Francia", y afirma que los muertos sólo podrían haberse evitado si el sistema sanitario se hubiera "anticipado" a las necesidades que iban a presentarse. Pero los médicos generalistas -una profesión liberal en Francia, cuyas facturas corren en parte a cargo de la Seguridad Social- se habían marchado "masivamente" de vacaciones, y hay una escasez crónica de personal en las urgencias hospitalarias. De paso, los autores cuestionan tanto la medicina liberal como el recorte de la jornada del personal sanitario a 35 horas semanales, en aplicación de una criticada reforma del anterior Gobierno de izquierda.

El documento recomienda una serie de acciones que, de llevarse a cabo, exigirán mucho tiempo y mucho dinero: la extensión de los servicios geriátricos, el refuerzo de la vigilancia médica en las casas de ancianos o el establecimiento de un censo de personas que viven solas o en situaciones vulnerables. También propone "una reflexión" sobre si convendría dotar de climatización a los hospitales y casas de la tercera edad, un equipamiento frenado en otras ocasiones por temor a la legionelosis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003