El pasado día 5 estuvo Alejandro Sanz en el Corte Inglés de Castellana, Madrid, firmando su nuevo disco, No es lo mismo. A las diez de la mañana, Diana y yo llegábamos al lugar en donde a las siete de la tarde estaría él promocionando este álbum.
Hacia las cinco de la tarde la gente comenzaba a inquietarse y las 50 personas que en un principio teníamos delante se multiplicaban. No existía forma alguna de evitar que aquel que te precedía colara a sus ocho amigos y que eso mismo lo hiciera también el de más adelante. No hubo ni orden ni control. Las siete se acercaban y también se incrementaban los pisotones y empujones de aquellos que luchaban por estar un centímetro más cerca de su gran ídolo. Cuando ya estábamos a las puertas de la entrada, no salíamos de nuestro asombro al observar cómo un guardia de seguridad colocaba un cartel de "fin de la cola" justo delante de nosotras.
Es duro sacar conclusiones de estas experiencias tales como que en la vida o pisoteas o te pisotean y cada uno elige qué postura adoptar. En mi opinión, cualquier acontecimiento relacionado con uno de los mejores artistas del momento requiere una mínima organización. Ahora le pregunto yo a Alejandro Sanz: ¿cuál es esa receta para la desilusión de la que tanto habla en su nuevo sencillo?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003