Publicaba el 12 de septiembre Javier Aycart una carta donde, de forma torticera, llama mentiroso al alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín. Y digo torticera porque el señor Aycart cuenta una media verdad que es la peor de las mentiras, porque le da al engaño y la falacia unos ribetes de verosimilitud que puede confundir al lector y todos sabemos que, en muchas ocasiones, el envés de la verdad no es la mentira sino la confusión.
El alcalde prometió rebajar el IBI a las familias numerosas, pero comprenderá que cualquier ayuda ha de aplicarse a quien la necesite y el valor catastral de la vivienda de este señor, según comenta el mismo Aycart que le informaron en el Ayuntamiento, nos hace intuir que estamos hablando de una vivienda de lujo. El señor Aycart, por tanto, pretende que una medida social se convierta en un privilegio y, además, en algo tan sensible en cuanto al agravio comparativo y a la siembra de desigualdades sociales como es un impuesto, al que quiere restarle la progresividad.
No, señor Aycart, no le mienta a los ciudadanos, a la inmensa mayoría, jugando a un victimismo que no le corresponde, ya que si puede tener una vivienda con el valor catastral que tiene, también debe pagar los impuestos que correspondan, porque me temo que, aunque a regañadientes, pagar sus impuestos en la única acción social que realiza, y deje las bonificaciones para quien realmente las necesita.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de septiembre de 2003