Soy una ciudadana cualquiera de Barcelona. Durante toda mi vida he disfrutado de la existencia de Copito de Nieve, a mi modo de ver un ser vivo excepcional, divertido, curioso y simpático que lleva mas de 30 años viviendo en mi misma ciudad. Aunque también es un símbolo de Barcelona, una atracción para niños y turistas, un foco de atención para científicos de todo el mundo, la mayor estrella del zoo de la ciudad... pero al fin y al cabo, recordémoslo, un ser vivo que nos ha hecho pasar buenos (los más) y malos (sus enfermedades) ratos.
Por ello no podemos consentir con indiferencia que ahora, cuando más en paz deberían dejarle, se le convierta también en un arma política.
Hago una petición a los políticos de este pequeño país que es Cataluña: dejen de utilizar a Copito de Nieve, dejen de reivindicar y de crear discordias entre ustedes en su nombre. Dejen de hacerse los sensibles y los concienciados, porque lo único que están haciendo es traficar con las emociones de los ciudadanos y con la vida de un animal que es ajeno, por suerte, a todos ustedes. Dejen de hablar de Copito de Nieve y dejen que la gente vaya cuando y como quiera a despedirse de él.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de septiembre de 2003