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CARTAS AL DIRECTOR

Blair y Aznar

Este fin de semana, cenando en Londres con unos amigos ingleses, la conversación deriva hacia la situación internacional y el fiasco en Irak. Los ingleses, profesionales acomodados de un cierto nivel, se muestran muy críticos con la posición de su país a lo largo de la crisis y, especialmente, con la actitud de su primer ministro, Tony Blair, que ha sido, a su juicio, manipuladora y deshonesta y de un seguidismo servil respecto a los intereses políticos de George Bush.

A mí no se me ocurre otra cosa que, al menos, alabar el coraje de Blair al dar la cara desde el primer momento y defender su política ante el Parlamento y la opinión pública, a diferencia de Aznar, que, amparado en su mayoría absoluta y su dominio de los medios de comunicación, ha rehusado comparecer en numerosas ocasiones y cuando al final lo ha hecho ha sido para añadir más confusión y pasar como sobre ascuas por un mero trámite.

Los ingleses no daban crédito. Lo de Blair no es coraje, vinieron a decir; si no lo hace, se le hubieran vuelto en contra hasta sus votantes más entregados, por lo que no le quedaba más remedio, aun con una oposición incluso más maltrecha que la de España, que convencer a la opinión pública respecto a la idoneidad de su política. ¿Será cierto que cada país tiene el Gobierno que se merece?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de septiembre de 2003