La legendaria réplica de Manchester al salvajismo de los londinenses Sex Pistols trajo de nuevo a Madrid su estruendoso espectáculo lleno de deliciosas melodías pop, aderezadas con guitarras y bajo a tremendo volumen e interpretadas en la clave zoquete-punk de hace ya casi tres décadas. Buzzcocks, que siempre han tenido el enorme encanto de no hacer canciones de rígida cuadratura y una original forma de combinar ritmos y (tres) acordes, exhibieron una envidiable energía.
Como si fuera eso, como mínimo, lo que se esperaba de unos pioneros del género, el cuarteto se aplicó a la tarea de revivir los mejores temas de su pasado -What do I get?, Orgasm Addict...-, mientras una marea de chavales jugaba a darse empellones y tratar de yacer, como en los anuncios de telefonía móvil, sobre las cabezas de los espectadores. Mientras, el guitarrista Steve Diggle se dejaba literalmente la piel sobre el mástil de la guitarra manchada de sangre, el cantante Pete Shelley desgranaba letras de indudable y subversiva mala leche y el largo y teñido bajista aporreaba las cuatro cuerdas con entusiasmo adolescente. Lo dicho: punk tocado con ganas.
Buzzcocks
Pete Shelley (guitarra y voz), Steve Diggle (guitarra y voz), Tony Barber (bajo y coros) y Philip Barker (batería). Sala El Sol. Madrid, jueves 18 de septiembre.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de septiembre de 2003