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VISTO / OÍDO

Incoherencia de la incoherencia

Aznar con Gadafi: muy buena foto. Tercer gran personaje en ella: un caballo que el terrorista regala al mejor cazador de terroristas del mundo occidental. "Lo montaré con cuidado", dice nuestro cruzado: lo esperamos, por necesidad de su importante crisma ("romper la crisma", descalabrar: Acad.) hasta las próximas elecciones. Sin duda monta en familia, como habla catalán, y quizá haga las dos cosas al mismo tiempo. La rehabilitación del libio peculiar es muy teatral: recordemos cómo los aviones más antiterroristas del mundo, repostados en España, bombardearon su casa, donde no le hallaron, pero mataron a su ahijada, una niña terrorista. Es así: siempre que veo las conferencias de prensa de los israelíes (naturales de Israel; no confundir con israelita: de religión hebrea) con el enorme letrero del hotel Rey David recuerdo cuando ellos lo volaron: 91 muertos. Entre los autores, Begin, luego primer ministro con otros que dirigieron el país que liberaron así, y muchos quedan en su Administración y en sus Fuerzas Armadas.

Ahora el terrorista de esa zona es Arafat, condenado ya por Bush y Sharon como el mayor obstáculo para la paz, y destinado al sacrificio. No sé si Ibarretxe se ha rehabilitado después de los golpecitos y las sonrisas con Aznar y la mano tendida del Rey. Con ése es todo más fácil porque en realidad no es ningún terrorista, sino un político que a mí me parece aberrante desde antes de nacer él, desde Sabino Arana. La maldad del terrorista depende del éxito que tenga en sus crímenes, que dejan de ser crímenes para ser justicia, como el propio Franco y sus legionarios. Estas cosas las hemos aprendido en la historia (yo he aprendido poca, en comparación con otros brillantes escritores de estas páginas, que a veces la relatan según sus necesidades), pero es diferente ver la historia viva pasando ante nuestros ojos.

Gadafí, condenado como "vicario" del terror mundial, no ha sido perseguido por el juez Garzón, como otros grandes terroristas del mundo, Pinochet o Bin Laden, y muchos pequeños, como los militares argentinos. O periodistas y políticos de la Vasconia mala.Tampoco le veo animado a procesar a los franquistas residuales, aunque aquello fue un genocidio de los que no prescriben, ni a los generales que ocupan Irak. Son matices que no me parecen fáciles de distinguir: por mí, digo, un tipo demasiado generalista que ve la incoherencia de la incoherencia. (Titulo de Averroes, de la civilización musulmana de España. Lo escribió contra Avicena, autor de Incoherencia de los filósofos. Cosas de ellos. Juegos como la "filosofía de la miseria" y la "miseria de la filosofía", del XIX. Bobadas: algo más sustanciosas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de septiembre de 2003