Hubo un día en que los árboles eran un elemento constante en el paisaje. Los bosques cubrían la práctica totalidad de la península y dicen que una ardilla podía atravesarla sin pisar el suelo, saltando de árbol en árbol. Naturalmente, esto ocurría hace mucho tiempo y hoy nos resulta difícil imaginar una situación así, rodeados como estamos por bosques de amenazantes grúas, viendo cómo la salvaje presión urbanística cambia el paisaje de la noche a la mañana, y nos resulta difícil recordar lo que había hace unos meses o años donde hoy sólo hay urbanizaciones sin fin. Es difícil entender por qué este empeño en que el censo de viviendas sea mayor que el de personas ¿o no? A este paso, no debe estar lejano el día en que una descendiente de nuestra ardilla, pueda de nuevo realizar la proeza de atravesar la península sin pisar el suelo, saltando de tejado en tejado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de septiembre de 2003