Los grandes debates ideológicos políticos siempre me parecieron muy atractivos como ejercicio intelectual, pero hasta ver in situ la gestión inmobiliaria de la zona noroeste nunca me habían parecido tan trasladables y vitales para el día a día de la vida del ciudadano de a pie.
Vivo en Las Rozas, donde hace años se ganaban premios nacionales por la promoción del deporte, se creaban importantes parques, se podía salir a pasear y correr por el campo y había colegios, institutos, polideportivos y centro de salud en las proporciones correctas para todos. O sea, calidad de vida.
Desde los últimos años, con la gestión del alcalde popular, hemos visto duplicarse el número de habitantes a un ritmo espectacular. Han aparecido los atascos y tráfico dentro y fuera del pueblo. La carretera de A Coruña, colapsada; pérdida del campo para pasear y correr, y el agobio de pasar a vivir en un pueblo a hacerlo en una ciudad.
Siento que ni Las Rozas ni mi familia hemos ganado nada multiplicando por dos el número de vecinos; es más, hemos perdido.Por eso mis preguntas son: ¿Quién ha ganado?, ¿El alcalde?, ¿Uno o dos constructores?, ¿Por qué la gente sigue otorgando la mayoría absoluta a esta forma de ver la vida?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de septiembre de 2003