Hay una opinión sobre esta genial obra de George Orwell, que Noam Chomsky, eminente lingüista, pero tal vez más conocido por sus análisis críticos de la política exterior norteamericana, ha expresado así: "Si uno coge los principios liberales básicos y los aplica al periodo moderno, creo que se acercará a los principios que animaron a la Barcelona revolucionaria de finales de los años treinta... una forma de socialismo libertario practicado en varias regiones de España durante su revolución y Guerra Civil de 1936, hasta que fue aplastado por los esfuerzos conjuntos de la Unión Soviética, las potencias occidentales y los fascistas. Es tal vez el máximo nivel que ha alcanzado el ser humano en el intento de materializar esos principios libertarios, aunque con ello no quiero decir que todo lo que se hizo en la revolución estuviera bien, pero sí su espíritu general y su carácter, que Orwell conoció y describió en la que considero su obra principal, Homenaje a Cataluña".
Aunque hayan pasado más de seis décadas desde que se escribió el libro, no creo que sea difícil reconocer los peligros que también hoy amenazan a nuestras precarias democracias en forma de tendencias totalitarias más sutiles: en un mundo unipolar y globalizado, hechos, por ejemplo, como el control de la información y el alineamiento ideológico que comporta -pensamiento único-, la incierta división de poderes, o la alegre cesión de libertad a cambio de seguridad, invitan a hacer una reflexión sobre la vigencia de las denuncias y advertencias de Orwell, así como sobre la fragilidad de ciertos bienes que hoy damos por supuestos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de septiembre de 2003