Se ponen los pelos como escarpias y se encoge el corazón con el solo hecho de conocer las conclusiones a las que han llegado los profesores de la Universidad de Málaga Manuel Hijano y Ángela Caballero Cortés: sólo el 15% de las páginas de los libros de historia general de España están dedicadas a Andalucía y muchos de los manuales obvian la historia de la autonomía andaluza o se refieren a ella en términos despectivos. Y en muchos casos la cultura andaluza aparece distorsionada o manteniendo elementos folclóricos y estereotipos del pasado. Es un informe demoledor, difícil de creer.
La investigación es, sin embargo, seria y rigurosa y no debería caer en el olvido, sino obligar a quien corresponda a tomar cartas en el asunto. No es asunto baladí y un objetivo claro dentro de la segunda modernización debería ser proponer soluciones. No podemos construir el futuro de Andalucía si una parte importante de nuestra historia se desconoce o está sujeta a interpretaciones ancladas en el pasado. No podemos plantear la reforma del Estatuto andaluz si gran parte de los andaluces desconocen el proceso autonómico.
Es cierta la existencia de numerosos trabajos sobre el proceso autonómico andaluz y la transición democrática en Andalucía, en algunos de los cuales tiene que ver quien esto firma, con un equipo de profesionales de la información que vivieron a pie de obra el profundo cambio que experimentó Andalucía después de 40 años de dictadura.
En la presentación del libro sobre la transición en Cádiz, el presidente de Caja San Fernando, Alfredo Pérez Cano, llamaba la atención sobre la necesidad de que los jóvenes conozcan los "pasos que se dieron para conquistar la libertad y el esfuerzo que debe hacerse para sacar a la luz de la historia las miles de pequeñas odiseas y sacrificios personales que hicieron posible una transición singular hacia la democracia", precisamente ahora cuando hay quien pretende hablar de segunda transición sin haber terminado de digerir la que cambió a España.
Posiblemente porque muchos de ellos no estuvieron o se situaron en trincheras equivocadas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003