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Reportaje:

Fiesta con sirenas

La comandancia sevillana de la Guardia Civil de Montequinto celebra una jornada de puertas abiertas

"Alberto, ¿me recibes? ¿me recibes?". Carlos, de 10 años, habla sentado al volante de un furgón de la Guardia Civil. Antonio, a pocos metros de él, casi ni le escuchaba, entretenido en lo alto de la torreta de una especie de tanque. El patio de la comandancia de la Guardia Civil de Sevilla en el barrio de Montequinto era ayer por la tarde una fiesta infantil con el extraño sonido ambiente de las sirenas de emergencia. Como cada año, la comandancia, en la que trabajan unos 1.000 guardias, organizó una jornada de puertas abiertas con motivo de la celebración de la patrona del cuerpo, la Virgen del Pilar, el próximo domingo 12.

Cada uno de los grupos especiales de la Guardia Civil desplegó en una explanada su material de trabajo y lo puso a disposición del público. Ayer todo estaba permitido. Los niños treparon por el tanque hasta subirse al techo para volver a bajar por la torreta; gritaron por los megáfonos de los furgones; se montaron en las motos para que sus padres les hicieran una foto; exploraron el interior de cada uno de los vehículos; y, sobre todo, no dejaron ni un minuto en silencio las sirenas de los patrulleros, cuyo sonido atronador convirtió la jornada en una escandalosa verbena.

Los más tranquilos, disfrutaron también conociendo el funcionamiento de los cuerpos especiales. El más visitado era el de PRS, el Grupo Rural de Seguridad, habitualmente encargado de controlar a las masas, por ejemplo, en las grandes manifestaciones. Ayer, los niños hacían cola ante su mesa porque regalaban balas de goma, que en las manos de los más pequeños se convirtieron en pelotas botantes. En el mostrador del Seprona, dos guardias uniformados explicaban todos y cada uno de los aparatos: el peachímetro para analizar el ph del agua; el conductivímetro para comprobar las sales; el maletín de pesca marítima listo para ser empleado en una intervención de pescado y medir, por ejemplo, el tamaño de los peces y evitar que circulen los pezqueñines; un instrumento para comprobar si los perros peligrosos tienen incrustados en su cuerpo el microchip reglamentario; prismáticos de visión nocturna y otros artilugios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003