En Igualada hay una discoteca que está de moda. Se llama La Suit y todos los fines de semana se llena a tope. La máxima atracción del lugar: un dj que es la bomba. Su música hace bailar hasta a los más muermos. ¡Qué tío! Y encima, con su simpatía se lleva de calle a las chicas guapas. Allá arriba, en su cabina, siempre hay alguna dándole la lata. Este impenitente seductor, igualadino de 33 años, responde al nombre de batalla de Dj Nanu. Y el alias no es en absoluto baladí, porque Jaume Junyent -que así se llama en realidad- sólo mide 112 centímetros de altura. Nació con un transtorno genético del crecimiento de los huesos conocido como enanismo acondroplástico. Recientemente el Dj Nanu ha debutado ante las cámaras convirtiéndose en la estrella del reportaje televisivo 112 centímetres, que acaba de ganar el premio Actual Catalunya de TV-3, un espléndido trabajo de Trini Gutiérrez -nacida en Capellades hace 34 años y reincidente en la obtención del galardón- que tiene la impagable virtud de reconciliarnos con el mundo.
El Dj Nanu, un 'pincha' de 112 centímetros de altura, es la 'estrella' del reportaje ganador del último Actual. Lo firma Trini Gutiérrez.
Trini, que trabaja como cámara los fines de semana en la Xarxa de Televisións Locals, conoció a Jaume hace unos meses. Ella estaba fatal, profundamente deprimida: su padre acababa de morir y el final había sido durísimo tras dos años luchando junto a él contra el cáncer. Durante sus vacaciones de verano, decidió ofrecerse para ayudar en La Suit. Vendiendo entradas, sirviendo copas... "Me pareció que sería una buena manera de salir de casa y de relacionarme", cuenta ahora. Y así fue cómo descubrió que en la pecera del pincha, encaramado encima de una caja de cervezas vacía y del revés -con las de Coca-Cola no alcanza-, estaba Jaume. "Un chico que medía 112 centímetros y cuya personalidad me enamoró enseguida", confiesa.
Como buena periodista, Trini se dio cuenta muy pronto de que allí había una gran historia. Su idea, sin embargo, no era realizar un reportaje tópico y al uso sobre los problemas de una persona minusválida, sino ir un paso más allá. Pretendía que el telespectador se pusiera en el lugar de Jaume, que viera el mundo a través de sus ojos, desde su altura. Y eso sólo se podía lograr llevando él mismo la cámara. "Estaba cansada de explicar siempre las cosas de la misma manera y quería ofrecer al telespectador algo diferente, así que me lo planteé como un reto", recuerda la reportera.
Al principio, el Dj Nanu se hizo un poco el remolón, más que nada porque estaba a punto de irse de vacaciones, a correr mundo -nada menos que un periplo por Torremolinos, Ibiza y Londres-, pero acabó dándole el sí. "Acepté porque me pareció una experiencia distinta, interesante, nueva en mi vida. También pensé que, si algún día se emitía el reportaje por televisión, podría ser una oportunidad de darme a conocer como disc jockey, y por otra parte sabía que a Trini el reportaje le iría fenomenal para superar la depresión. Lo sé por experiencia, porque cuando mi pareja me dejó lo único que me sacó del pozo fue pinchar música", comenta Jaume, que además de trabajar en la discoteca los fines de semana regenta una tienda de discos, llamada Dj 45, y diseña etiquetas de ropa interior de señora de gama alta en un centro especial de trabajo para disminuidos físicos y psíquicos de su ciudad, el Taller Auria.
112 centímetres mezcla la visión de Jaume sobre todo aquello que le rodea con la de Trini hacia él mismo. La periodista lo filma en sus actividades cotidianas: pinchando salsa o, mejor, funky y house, sus dos estilos preferidos; conduciendo su coche; en su tienda; en su dormitorio; en su diminuto cuarto de baño, cuyas piezas están adaptadas a su estatura; mientras lo viste su madre... Pero, además, lo entrevista. Y le plantea preguntas en verdad crudas, por ejemplo si acepta su cuerpo o qué cree que pasará con él cuando sus padres falten. Lo que pasa es que lo hace con admiración y respecto, y no con compasión, y eso destierra del reportaje cualquier atisbo de morbosidad. Él le responde con franqueza teñida de un envidiable optimismo. "Nunca podré darle suficientemente las gracias por su complicidad y su sinceridad", apunta la reportera. Y añade: "Tengo que confesar que en alguna de las conversaciones que mantuvimos acabé llorando, aun estando oculta detrás de la cámara, porque Jaumet tiene una mirada que atraviesa el objetivo". El tono de 112 centímetres, dice Trini y dice bien, acaba siendo "agridulce", precisamente el mariz que ella buscaba. Aunque barrunta: "Pero creo que al final a uno le queda una sensación más dulce que agria". Y vuelve a tener razón.
Trini, que es muy buena gente, quiere agradecer también la ayuda que le han prestado sus compañeros de la Xarxa de Televisions Locals, a través de la que espera que pronto se emita el reportaje, ya que no tiene asegurada su programación en el Canal 33. "Me dieron buenos consejos durante el montaje", aclara. Pero sobre todo le interesa que conste que 112 centímetres está dedicado a su padre. "Sé que si lo hubiera visto habría estado muy orgulloso de mí". Pues que conste.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003