Están teniendo buen éxito de taquilla dos películas españolas que levantaron inmenso revuelo antes de su estreno, Carmen y La pelota vasca. Las demás, aunque también de interés, siguen peleándose por un lugar dificilísimo en esta jungla de reglas salvajes.
Mientras tanto, los productores franceses, que tan ejemplarmente han resuelto los problemas de su mercado interior, se han lanzado a la conquista de otros territorios, entre ellos el del mundo árabe. Además de coproducir muchas películas del Magreb, organizan en Marraquech, desde hace tres años, un festival de cine que es un desembarco de publicistas de todo lo francés. Y nada menos que con el "alto patrocinio" del monarca alauí, en cuyo nombre se ha condecorado en esta edición a Alain Delon, que se emocionó al recordar en su discurso a su amigo Hassan II. También premiaron a Manoel de Oliveira (a quien pocos conocían), además de a los directores que estos días trabajan por tierras marroquíes: Ridley Sccott, que comenzará en enero una versión de Las cruzadas, y Oliver Stone, que ya está rodando Alejandro el Grande con el actor de moda, Colin Farell, que se vistió para el homenaje con chilaba y los pies descalzos: todo por la causa. No en vano Stone dispone gratis de todo el ejército nacional como figurante.
Los organizadores del festival convocaron a un buen número de estrellas: Isabelle Huppert, Claudia Cardinale, Vincent Pérez, Jacques Doillon, Roger Hanin, Maria Schneider, Natalie Baye, presidente de honor del festival, y Volker Schlondorff, presidente del jurado oficial, así como Pilar López de Ayala, Najwra Nimri, Sergi López y Cecilia Roth, miembro ésta del jurado de cortos que presidió Jeremy Irons. A pesar de tanto glamour europeo, el más aplaudido popularmente fue el veterano actor hindú Amitabh Bachchan, auténtico ídolo de masas cuya presencia acompañó a un ciclo sobre el llamado Bollywood (Bombay: la meca del cine indio), patrocinado por una firma francesa de maletas que casualmente acaba de abrir sus primeras tiendas en Nueva Delhi. En el fiestón que organizaron para exponer sus maletones, corrió el Möet, mientras las estrellas, vestidas por Dior, lucían joyas de Chaumet, que ha aprovechado el festival para organizar un desfile de sus nuevos collares y brazaletes. Hablando de estrellas, al día siguiente de la clausura Jacques Chirac ha iniciado una visita oficial a Marruecos.
Este festival se lo inventó el intrépido productor francés y festivo hombre de mundo Daniel Toscan du Plantier, muerto este año de un infarto masivo durante el último festival de Berlín en el transcurso de una fiesta. Su antorcha ha sido recogida hábilmente por su viuda, que le ha organizado un homenaje tal que la prensa local ha llegado a calificar al difunto como "el ángel de Marraquech".
¿Las películas? Buenos refritos de otros festivales y, en igualdad de condiciones, algunas recientes producciones árabes. El pasado año les fue destinado un rinconcito secreto que humilló a sus cineastas. (Como se recordará, también el pasado año protestó el novelista Tahar Ben Jelloun, pero en su caso con un exabrupto, insultando a Pedro Almodóvar por no haber aceptado la invitación del festival. Le acusó nada menos que de estar aliado con las tesis de Aznar sobre el mundo árabe -eran los tiempos de la isla Perejil-. Aún se comentan por Marraquech aquellos excesos del novelista, que, por cierto, sigue residiendo en París).
Pantalla gigante
Con el alibi de extender este festival a la población, esta vez hasta se ha colocado una pantalla gigante en la popular plaza Jemaa el Fna, a pesar de lo cual los jóvenes lugareños que cada noche la abarrotaban de pie apenas atendían la película, más interesados por los habituales narradores de cuentos, los encantadores de serpientes, los bereberes que adivinan el futuro, las pedigüeñas arrodilladas, los grupos musicales y el bullicio de los humeantes puestos de comida: un hormiguero al lado mismo de la pantalla. Así ocurrió, al menos, la noche en que les encasquetaron El perro, el general y los pájaros, una película francesa de dibujos animados... Otro gesto ha sido la entrada gratuita a las seis salas del festival (una de ellas, del Instituto Francés), que los estudiantes aprovecharon en masa para ver lo que de otra forma nunca verían... aunque cediendo a veces al trapicheo de la reventa.
Es decir, que los productores galos, apoyados por patrocinadores que también ansían abrirse mercados, no se duermen en laureles. A ver si el nuevo presidente que van a nombrar estos días los productores españoles también tiene horizontes de grandeza. Ojalá, o mejor, Inch'Allah.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003