El cine europeo ha recuperado en los últimos años terreno frente a la avalancha de Hollywood, pero la situación sigue siendo delicada. Para dar aliento a la cinematografía continental y hacerla conocer a las generaciones jóvenes, la Comisión Europea inaugura hoy la segunda edición de Cinedays, un festival sobre el séptimo arte (proyecciones, emisiones de televisión, debates, concursos...) de dos semanas de duración en los Quince. En vísperas de la ampliación hacia el Este, Bruselas piensa, oficialmente, en las posibilidades que ofrecen los futuros socios, mientras que los cineastas temen que esa apertura se convierta en un caballo de Troya de los americanos. "El cine europeo está fuerte", dice Viviane Reding, comisaria europea de Educación y Cultura, al presentar la segunda edición de Cinedays. Reding esgrime cifras del Observatorio Audiovisual Europeo, según el cual en 2002 se produjeron 625 filmes en los países de la Unión Europea, sin variación sensible sobre los 628 de año anterior.
Luces y sombras
Los Quince cuentan con unas 10.000 salas de proyección a las que el año pasado acudieron 934 millones de espectadores, una cantidad semejante a la de 2001. Un frenazo con respecto al extraordinario crecimiento del 10% en la asistencia habido de 2000 a 2001. En este panorama de luces y sombras, España fue uno de los países de la Unión que incrementó la producción cinematográfica (80 nuevas películas en 2002, frente a las 67 de 2001), pero paradójicamente fue el segundo país que más espectadores perdió, tras Alemania, al pasar por taquilla un 4% menos de aficionados (140,7 millones de entradas vendidas frente a los 146,8 de anterior curso). Reding quiere ver el lado brillante de la situación al comparar las últimas cifras en la Unión con las del año 2000, con un incremento hasta el 27%, desde el 23%, de la cuota cinematográfica europea en las salas de los Quince. Pero no puede evitar reconocer que en 2002, Hollywood recuperó algo del terreno cedido en 2001. "En torno al 68% de las películas proyectadas en la UE proceden de Estados Unidos", dice la comisaria. Uno de los problemas del cine europeo es que viaja mal. "Hay atracción por la producción propia, pero no por la de otros países", dice Reding, y ahí entra Cinedays como un instrumento para "mostrar a los jóvenes que merece la pena conocer el cine de los otros países". Es un proyecto con sólo dos años de vida y aún con escaso eco. Según Cinedays, en España sólo participan en estas jornadas, que concluirán el día 24, la Filmoteca de Andalucía, TVE y la televisión de Galicia. Alain Berliner, el director belga de la Ma vie en rose, una producción hispano-franco-anglo-suiza, dice que "es difícil definir qué es el cine europeo, al contrario de lo que ocurre con el americano, pero se puede hacer cine europeo a partir de alianzas entre países, y Cinedays puede ayudar a ello". La llegada de 10 nuevos socios a la UE -donde Polonia, un país del tamaño de España y con 26,2 millones de espectadores en 2001, es la cabeza del ratón- plantea nuevos retos. "Hay que ayudar a los nuevos países", señala Reding, mientras Berliner cree ver las orejas al lobo: "Los americanos llevan 10 años ofreciendo sus películas en el Este. El objetivo, dado que no tienen producción propia desde la caída del muro, es acostumbrarles a las películas americanas con vistas a ampliar su mercado", advierte el cineasta, temeroso de las consecuencias.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003