"Esto no va ser una rutina. Organizaremos cócteles cuando creamos que tenemos algo que decir", afirmó el miércoles por la noche Isabel de Polanco, consejera delegada de Santillana. Lo tiene mal. La fiesta de Santillana, en el primer día de feria, se ha convertido ya en una tradición pese a que éste es el segundo año en que la convocan. Es la primera gran cita de bienvenida y todos quieren estar en ella. Flanqueada por el presidente del grupo, Emiliano Martínez, De Polanco habló, muy brevemente, primero en español y luego en inglés. "Queremos aprovechar la feria para explicar quiénes somos y para hablar de nuestra aspiración a difundir el español en el mundo y para ofrecernos como socios a quienes quieran participar en este proyecto".
"Nuestra apuesta es la edición de bolsillo y hemos abierto canales en Latinoamérica y en Estados Unidos, incluso en detrimento de los libros de tapa dura", añadió De Polanco. Fue un mensaje claro a los editores y agentes literarios de todos los países. Suma de Letras, la empresa que Santillana creó en 2000 con Ediciones B para lanzar Punto de Lectura, se ha convertido en un referente de las ediciones en bolsillo, junto a DeBolsillo, de Random House Mondadori, o Booket, de Planeta. Tiene un catálogo de más de 1.000 títulos; está presente en 20 países; tiene nueve colecciones (desde narrativa y ensayo a actualidad, clásicos, cine, viajes, ciencia-ficción o referencia), y en apenas tres años ha colocado 20 millones de ejemplares.
La verdad es que se habló poco de negocios, ni siquiera la inestable y preocupante situación que atraviesa Ediciones B planeó en la fiesta, que fue estupenda. Santillana está dejando atrás a sus colegas europeos en cuanto a cortesía. Cada invitado que llegaba al Maritim, el hotel que está prácticamente dentro del recinto ferial, recibía como obsequio una enorme y consistente bolsa para poder transportar los numerosos catálogos y folletos que editores y periodistas reciben minuto a minuto, y un abanico con los nombres de escritores del grupo (Saramago, Benedetti, Pérez-Reverte, Günter Grass, Muñoz Molina, Javier Marías -un dios en Alemania-, Vargas Llosa..., en fin, no cabían todos los que están).
¿Quién estuvo en el primer cóctel de la feria? Sería más fácil decir quiénes no estuvieron. Por no extenderse, hubo gente de Harwill, Overlook Press, Gallimard, POL, Caminho, Feltrinelli, Bloomsbury, Harper Collins..., prácticamente todas las agencias literarias, casi todos los editores españoles.
El abanico fue necesario. Había mucha gente y hacía mucho calor. Los que patean la feria se lanzaron al bufé, castizo y excelente. Se habló de cotilleos (mucho) y de libros, claro. En Francfort, lluvia y frío, pero todo el mundo se fue contento de la primera gran cita y más de uno y más de dos o tres quedaron para verse en otro momento. Perfecto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003