La vida de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) siempre ha sido así. En 1989, cuando de 7.000 obras expuestas se vendieron 5.000, los críticos se quejaban de que "los compradores están ahí para blanquear dinero de la droga o de la mafia", es decir, en plena burbuja especulativa, no compraban por amor al arte; en 1995, cuando la edición coincidió con la fiesta judía de Yom Kipur, el director de la feria de Basilea sentenció: "París se ha suicidado", y afirmó que "el 80% de los grandes coleccionistas son judíos". La edición de 2003, la del trigésimo aniversario, se abre bajo los peores auspicios, como lo prueba que la revista Beaux Arts y el diario Le Journal du Dimanche coincidan en preguntarse a través de sus titulares si están ante "¿Un aniversario o un entierro?".
La FIAC acoge hasta el 13 de octubre a 175 galerías (un 51% extranjeras), de 22 países. Después de Francia, los mejor representados son Italia (15 galerías), Bélgica (12), Alemania (11) y España (10), por delante del Reino Unido (6) y Estados Unidos (5), dos potencias del coleccionismo.
Desde hace ya más de diez años París intenta centrarse en un público de especialistas -sólo el 4% de quienes acuden al recinto ferial tiene menos de 20 años- y de hipotéticos compradores -un 37% de sus 70.000 visitantes son directivos o profesionales liberales-. El precio de acceso a la FIAC -14 euros- es también disuasorio. Y el de alquiler de los stands es de 225 euros por metro cuadrado frente a los 171 de Arco o los 125 de Art Brussels, y lejos de Basilea, que exige 277 euros, y aún más de los 424 euros de la neoyorquina Armory Show.
La inquietud francesa por el futuro de la FIAC la alimenta también la creación de una nueva feria de arte, la londinense Frieze Art Fair, que abrirá sus puertas cuatro días después de que cierre las suyas París. Pero también el que Basilea haya sido capaz de crear una "sucursal" al otro lado del Atlántico, Art Basel Miami, mientras en París perdían el tiempo especulando sobre el nombre del sucesor de Jean Daniel Compain al frente de la FIAC, y sobre si ésta debía poner más énfasis en el arte moderno o en el contemporáneo, si quería "ser dominante o emergente", "optar por lo clásico o por estar al loro", tal y como han dicho galeristas interrogados al respecto.
La edición de 2003, al margen de consideraciones económicas y sobre su futuro, ofrecerá un buen panorama sobre la creación actual y durante el siglo XX. Treinta y tres galerías han optado por la presentación de exposiciones personales mientras que otras 18 reúnen obras en torno a un tema o movimiento. La pintura sigue siendo la forma de expresión preferida de los visitantes, seguida de la escultura, la fotografía, el dibujo, el vídeo, el grabado y las instalaciones, que siguen generando estupefacción y apareciendo como objetos poco adecuados para el coleccionismo.
La presencia española viene de la mano de la galería sevillana Pepe Cobo, la bilbaína Colón XVI, la valenciana Punto, las barcelonesas Senda y Miguel Marcos, y las madrileñas Distrito4, María Martín, Guillermo de Osma y La Fábrica, que presentan obras de Ximo Lizana, Francisca Mompó, Joan Fontcuberta, Cristina Iglesias, Juan Muñoz, MP&MP Rosado, Chema Cobo, Carlos Franco, Víctor Mira, Ferran García Sevilla, Ana Malagrida, Xavier Grau y Santiago Serrano, entre otros.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003