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La Bienal Internacional del Deporte en el Arte combina el placer con la contemplación

Dos exposiciones recogen en Salamanca la fuerza expresiva del juego y la competición

El Centro de Arte de Salamanca y la sala de Santo Domingo acogen desde ayer BIDA 2003, la Bienal Internacional del Deporte en el Arte, en la que a las obras de los 26 artistas de diferentes países a los que se encargó su aportación reflexiva sobre el deporte se suma otra amplia galería de creadores que forman parte de la colección del Consejo General de Deportes, que organiza la propuesta. Según la comisaria, Marta Moriarty, los organizadores de la bienal han querido recuperar el poder de la contemplación como motor del cambio o simplemente como placer.

BIDA 2003, cuyo director artístico es Antonio Areán, permanecerá abierta hasta finales de noviembre. "La idea arranca de las posibilidades que el deporte ofrece al arte para disfrutar de todo el dinamismo que genera", afirma Marta Moriarty. "Buscamos que el espectador sea libre para mirar, con desnudez absoluta".

Un gran díptico en el que un inglés y un negro liberto boxean ante el gran Londres del siglo XVIII en un combate mítico abre la muestra del Centro de Arte. Luego, el mallorquín Amador ha convertido la puerta de Brandeburgo en un campo de fútbol, y Manuel Dimas, desde su mirada irónica y pop, ofrece una serie de deportes. Más adelante, una espléndida selección de 12 piezas del fotógrafo de EL PAÍS Raúl Cancio recoge todo el dinamismo y fuerza de distintos deportes en épocas muy diferentes. Además, los espacios intermedios de la gran sala han sido ocupados con diferentes obras de artistas como Tete Álvarez, Vece Costa o los austriacos Muntean y Rosemblum.

En el vestuario que propone Stefan Banz cuelgan camisetas con los nombres de Picasso o Duchamp, mientras al lado hay un montaje de Nicolas Woods y Mónica Fúster, en el que un espejo retrovisor permite seguir a los ciclistas en pleno esfuerzo o a un atleta recorrer la ciudad con su cara agónica. El mexicano Gustavo Artigas carga de crítica social su obra, con mujeres que luchan entre el lodo, en tanto que Jean Sylvian Bieth plasma el mundo de sufrimiento del atleta maratoniano, Naia del Castillo desarrolla la idea de seducción a través del tiro con arco y Godfried Donkor despliega el poder de sus imágenes de lucha.

Esta exposición, que incluye además obras de Ángeles Agrela, Zilla Leutennager, Rafael García Bianchi o Alfredo G. Revuelta, tiene su continuidad en el ámbito renacentista de la sala de Santo Domingo, donde se han emplazado obras del finlandés Pet Huttner -que corre por ciudades de todo el mundo y presenta sus propios recorridos-, la pintura figurativa y nostálgica de Mariana Laín o los collages de Sean Mackaoui. En esta muestra participan también Sarah Lucas, Antonio Andrés, los hermanos gemelos Franck y Oliver Turpin y Grazia Toderi, que muestra sus vídeos sobre estadios olímpicos.

Otra de las iniciativas de esta bienal ha sido ofrecer, en otra de las salas del Centro de Arte, una antológica de los valiosos fondos que desde 1967 lleva reuniendo el Consejo Superior de Deportes, y donde hay piezas de Fernando Sinaga, Gregorio Prieto, Carmen Calvo, Bores, Muriedas, Joan Brossa, Úrculo, Eduardo Arroyo, Darío Villalba, Guinovart, Luis Gordillo, Emilio Molero y Alfredo Fraile.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003

Fe de errores
En la información publicada el día 10 sobre la Bienal Internacional del Deporte en el Arte se atribuyó a Mónica Fuster, Pedro Tous y Nicholas Woods la obra referida al "retrovisor ciclista" y sus corredores, que en realidad pertenece a Alfredo García Revuelta, mientras que al lado se encuentra la aportación de los tres autores, una performance con una instalación que contó con la presencia del futbolista Joan Sabaté.