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Reportaje:

El Gobierno francés, contra los intelectuales

Raffarin y Villepin se lanzan a la defensa de Francia frente a los ensayistas que especulan sobre su decadencia

El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, se muestra muy combativo dentro del bache de popularidad que atraviesa. La última muestra es el descubrimiento de algunos de los responsables de las dificultades que sufre su país: a su juicio, se trata de ciertos intelectuales, apologistas de la tesis del "declive" de Francia. En el seno del partido mayoritario, la Unión para la Mayoría Presidencial (UMP), se ha constituido una corriente liberal que impulsa al primer ministro a ir mucho más rápido en las reformas, entre ellas la eliminación de la jornada laboral de 35 horas.

Además de algunas intervenciones públicas en plan de consigna a los buenos franceses, Raffarin zahiere a la clase intelectual en una entrevista con el semanario Time Magazine, en la que juega con la idea de que los intelectuales le recuerdan a los que juzgan un champaña por "el gusto del tapón", cuando lo primero que hay que hacer es quitar el tapón para poder degustar el champaña. No es la primera vez que Raffarin ataca a la "élite parisiense", amparado en su condición de "político de provincias", pero sí es una novedad invitar al público, desde el Gobierno, a pasar de los intelectuales en el país de la excepción cultural.

Raffarin sale principalmente al paso del éxito alcanzado por el ensayista Nicolas Baverez, autor de una cruda radiografía de la decadencia, que achaca al Ejecutivo haber perdido el tiempo en "pequeñas reformas", en vez de abordar ambiciosos proyectos de modernización y "desbloqueo" de una Francia a la que el autor considera aprisionada por una conspiración de intereses de la que participan la clase política, el sector público y los sindicatos.

El primer ministro arrea un palmetazo generalizado a "todos los Baverez de la Tierra", porque se dedican a hablar "de la arrogancia de Francia, o bien de su declive", y nunca mencionan "una Francia que gana, que confía en sus aliados, en su futuro y en sus capacidades".

También ha salido al quite el ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, quien publica un largo artículo en Le Monde para defender la Francia que "trabaja, reforma, dialoga". Poeta, además de político, el jefe de la diplomacia francesa envuelve en acentos líricos su ataque a los que quieren "denigrar" al país, "cegados por el pesimismo y la amargura". El ministro no se defiende de la crítica del ensayista Nicolas Baverez al "aislamiento internacional" de Francia por enfrentarse a EE UU a propósito de Irak, afirmación que De Villepin contesta genéricamente, asegurando que Francia ha recobrado la confianza de otros muchos países.

Un debate tan vivo entre el Gobierno y ciertos intelectuales -la mayor parte siguen la discusión más bien como espectadores- muestra que, en realidad, los dos se toman todavía en serio. El declive de Francia es un tema recurrente desde hace decenios -y algunos se remontan incluso al siglo XIX-, pero lo novedoso es que los nuevos libros sobre el problema ven la luz en un momento de crisis económica del país y en medio de especulaciones sobre un cambio de Gobierno. La polémica le viene bien a Raffarin para sacar fuerzas de flaqueza: el último sondeo de Sofres para Le Figaro sitúa su popularidad en el 37%, cinco puntos menos que la encuesta precedente, frente a un 59% de compatriotas que desconfían del primer ministro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003