Estados Unidos quiere cerrar bases en Europa y enviar a los países del este europeo a buena parte de los más de 100.000 soldados que tiene desplegados en el Viejo Continente. Cuándo y cómo es algo que no está decidido, entre otras razones porque aún existen ciertas divergencias dentro de la propia Administración de Bush. El calendario será "gradual y flexible", les comunicó el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a sus colegas de la OTAN en la cena de trabajo que tuvieron el miércoles en Colorado Springs.
Es la primera vez que Washington de una manera oficial expone abiertamente sus intenciones de modificar su mapa militar a sus socios europeos. Algunos de ellos reaccionaron con inquietud. El plan es uno de los elementos clave que sustancian la reforma militar iniciada por el Pentágono el año pasado y en la que participó activamente el general James L. Jones, que desde el pasado enero es comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, además de jefe máximo de las fuerzas norteamericanas en el Viejo Continente. Jones es partidario de crear una especie de red móvil de bases que sirva para el traslado de tropas para periodos más cortos y en función de las necesidades de cada momento.
Rumsfeld no precisó con exactitud el calendario, pero los primeros pasos se podrían producir a partir del próximo mayo, cuando ingresarán definitivamente en la Alianza Atlántica otros siete países del desaparecido bloque del Este: Rumania, Bulgaria, Letonia, Lituania, Estonia, Eslovaquia y Eslovenia. Otros tres, Polonia, República Checa y Hungría entraron en 1998.
Los recortes vendrán especialmente de Alemania, donde los norteamericanos tienen actualmente desplegados 70.000 soldados aproximadamente. Washington piensa también reducir al mínimo su presencia en Bosnia. Tiene 1.500 de un total de 12.000 efectivos que integran la Sfor, la fuerza multinacional instalada desde 1995 por la OTAN. Así como su presencia en Kosovo, donde tiene 2.500 de un total de 20.000 que integran la Kfor desde 1999.
Divergencias en EE UU
"La Administración Bush ha tenido siempre fuertes reservas a que se produzca, pero hay ahora la percepción de que su posición va a cambiar", según un portavoz atlántico. Otra fuente diplomática europea dijo, sin embargo, que "persisten las divergencias al respecto entre el Pentágono y el Departamento de Estado". El secretario general, George Robertson, afirmó ayer que el traspaso podría producirse en un plazo de entre 12 y 18 meses.
Los ministros europeos han vuelto a recibir un tirón de orejas de su gran hermano, EE UU, que les ha instado a potenciar tecnológicamente sus capacidades militares y por tanto a inyectar más dinero en sus presupuestos de defensa. "De nada sirve que los otros 18 países de la Alianza tengan un millón y medio de soldados si apenas un 3% pueden ser realmente desplegados en misiones militares", comentó una alta fuente oficial del Pentágono.
"El mensaje de Colorado Springs está claro: tenemos necesidad de soldados que puedan verdaderamente desplegarse y no simplemente ejércitos de papel", ha afirmado Robertson, al reclamar a los socios europeos que modernicen sus fuerzas sobre todo si realmente se quiere darle un sentido a la incipiente Fuerza de Respuesta Rápida (FRR) que los aliados lanzarán de una manera algo más que testimonial la semana que viene en Holanda, pero que no será plenamente operativa hasta 2006.
La FRR fue el objeto del maratoniano seminario sobre una simulación de crisis civil en una isla del mar Rojo que Rumsfeld ha expuesto a los ministros y que ha costado siete millones de dólares a la Administración Bush. "¿Fueron liberados los rehenes, hubo muertos?", preguntó un periodista. "No se trataba de eso, sino de presentar una serie de opciones, entre otras agilizar los métodos de decisión, lograr una mejor planificación y un mayor compromiso por parte de todos", contestó lord Robertson
¿Será la FRR eficaz para implementar operaciones militares fuera del área geográfica aliada si no se modifican los métodos de decisión de la OTAN?, se han preguntado los aliados en esta reunión azuzados por EE UU. La respuesta ha sido unánimemente no. De ahí que se haya encargado al Consejo Atlántico que inicie la revisión de los procedimientos de decisión.
Se insiste a uno y otro lado del Atlántico que todo ello no significa acabar con el método del consenso que ha imperado en los 54 años de existencia de la organización. Se trata de agilizar procedimientos o de recortar plazos de aprobación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003