El Dalai Lama XIV dijo ayer al recibir el Premio Brunet que tras los atentados del 11 de septiembre escribió al presidente George W. Bush una carta para darle el pésame y pedirle que su respuesta no fuese violenta. "Siempre me opongo a la violencia, porque violencia contra violencia supone violencia sin fin", declaró. El premio, que le fue concedido en 2001, es precisamente "un reconocimiento a la larga trayectoria personal en favor de la paz y en defensa de los derechos humanos" del líder espiritual tibetano.
El Dalai criticó la guerra y especialmente el gasto en armas y municiones de muchos países de África azotados por la sequía y la hambruna, pero evadió referirse en concreto a la situación de Irak.
El Comité de apoyo a Tíbet (CAT), patrocinador de su visita, organizó en la tarde una conferencia pública. A un precio de 15 o 25 euros, las 2.000 entradas se agotaron hace días, al igual que las vendidas a cinco euros para dos salas contiguas en las que se instalaron grandes pantallas de televisión.
"Quien apoya la lucha de los tibetanos no es protibetano, sino una persona que defiende la justicia", dijo el Dalai Lama, que calificó de "buen comienzo" las dos rondas de conversaciones celebradas por sus enviados con los dirigentes chinos en el último año. Sin embargo, señaló que en ese tiempo no hubo progresos en la mejora de la situación en el interior de esa región autónoma en la que aún impera el "reino del terror".
Ni armas, ni miedo
El líder religioso dijo que no quiere "ni la separación ni la independencia", que es posible negociar dentro del marco de la Constitución china, pero que Pekín debe entender que la estabilidad y la unidad que busca "no se puede conseguir ni por las armas ni por el miedo". A pesar de ello, el Dalai señaló que hay signos "positivos" que "a largo plazo" pueden abrirle las puertas de Lhasa.
Con casi medio siglo de exilio a sus espaldas -tiene 68 años y escapó de Tíbet tras la revuelta de 1959-, el Dalai dedicó el grueso de su discurso a la importancia de enseñar desde la infancia el diálogo, la tolerancia, la contención, la autodisciplina y el perdón, que denominó emociones positivas.
"Mi principal misión es potenciar las emociones positivas de manera que podamos reconocer las negativas -odio, rencor (...)- y combatirlas".
Asimismo, señaló que concede una gran importancia al desarrollo de la armonía entre las religiones "porque ellas tienen el potencial de un mejor entendimiento entre los hombres".
"¿Dinero? ¿Cuánto?", preguntó sorprendido el Dalai Lama cuando además de una estatuilla le dieron un cheque en la fundación Jaime Brunet. El líder espiritual indicó que la mitad de los 36.000 euros sería para niños tibetanos y la otra para indios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003