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CARTAS AL DIRECTOR

Trastorno bipolar

"Me llamo Burbuja de Primavera, sufro trastorno bipolar. No puedo escribir con mi nombre verdadero porque padezco esta enfermedad, y no quiero que todo el mundo lo sepa. Mi hijo también lo es, y prefiere guardarlo como secreto también. Claro, si se supiera no seríamos jamás contratados en ninguna parte, perderíamos muchos amigos y quién sabe qué otro desastre nos podría ocurrir".

Así se manifiesta una participante de la página web bipolarweb.com

El trastorno bipolar se caracteriza por oscilaciones del ánimo que va desde estados de euforia o manía a estados de depresión profunda con intervalos de estabilidad. Hasta hace muy poco se consideraba que la eutimia (estar libre de síntomas) no era posible y que las recaídas eran inevitables. Pero los tratamientos farmacológicos actuales, la psicoeducación de la persona que padece esta dolencia y de su familia permiten que se lleve una vida normal en muchos casos: Cabrera Infante, Peter Gabriel, Francis Ford Coppola, Ted Turner creador de la CNN... son enfermos que se han atrevido a decirlo públicamente. La mayoría de las personas que lo padecen desarrollan fuertemente su faceta creativa tal vez para poder sobrevivir en el infierno al que han sido desterrados.

Sin embargo, el problema de la estigmatización social está lejos de avanzar al mismo ritmo que lo hace la compresión de estos desajustes de los neurotransmisores. La sociedad tiene miedo de lo que no conoce y califica de "loco" a todo aquel tratado por un psiquiatra. Quizás si nuestra enfermedad perteneciera a otra categoría médica nos podríamos ahorrar un sufrimiento extra debido a la exclusión social que sufrimos hoy en día.

Necesitamos ayuda para que no nos quiten a nuestros hijos por considerarnos injustamente incapaces de cuidarlos. Necesitamos ayuda para poder hacer frente a los gastos de los tratamientos psicoterapéuticos. Necesitamos como el aire que la gente sea informada a través de los medios de comunicación para que no nos traten como bichos raros y nos den oportunidad de vivir plenamente. Necesitamos respeto y tolerancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 2003