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Día de campeones

Igor Astarloa gana el Mundial de ciclismo con un ataque a cinco kilómetros de la meta - Dani Pedrosa, con 18 años recién cumplidos, consigue el título de 125cc y se convierte en el segundo piloto más joven en coronarse - Michael Schumacher consigue su sexto título mundial de fórmula 1 y supera al mítico Juan Manuel Fangio

Fue un domingo de estrépito, con campeones por todos los lados. Dos de ellos, españoles. Campeones por primera vez en sus carreras. Uno es un muchacho de 18 años que parece muy especial. Es Dani Pedrosa, campeón mundial de 125cc al cierre de una temporada gloriosa. Venció en el Gran Premio de Malaisia y se convirtió en el segundo campeón más joven en la historia del motociclismo, sólo aventajado por el italiano Loris Capirossi. En Hamilton (Canadá), Igor Astarloa ganó el Mundial de ciclismo, que tuvo un memorable desenlace. Astarloa, vizcaíno de nacimiento, milita en el equipo italiano Saeco, donde ha aprendido los secretos de los clasicómanos. En primavera ganó la Flecha Valona, antecedente que permitía verle como uno de los aspirantes a la victoria en Hamilton. Así fue. Sufrió una caída en la penúltima vuelta, se recuperó y lanzó el ataque que le dio la victoria a falta de cinco kilómetros. Astarloa es el cuarto campeón español en los últimos ocho años, lo que habla del cambio de nuestro ciclismo, antes dominado por los escaladores.

Michael Schumacher tiene todo el derecho a sentirse el mejor pilito de la historia. Ni el sexto título mundial, registro que le sitúa ya como el piloto más grande de la historia de la fórmula 1, un peldaño por encima del mítico Juan Manuel Fangio, ha rebajado su voracidad. Pese a que el 48% de sus compatriotas le invitan a jubilarse, el alemán desafió ayer a los dueños del circo a evitar que en un año vuelva a proclamarse campeón.

Después de que Ecclestone y Mosley se pasaran el invierno inventando todo tipo de cambios para animar el campeonato, Schumi se presentó en Suzuka con la hoja de cálculo cuadrada: puesto que desde esta temporada puntúan los ocho primeros, llegó el octavo, lugar que le garantizaba la corona con independencia del puesto que alcanzara Raikkonen. Schumacher vino a decir que su reinado es incuestionable, tanto si se le aplica la nueva reglamentación -acabó todas las carreras, salvo la de Brasil, y para nada le importó que Fernando Alonso le doblara en Budapest a cambio de sumar otro punto- como la vieja: seis triunfos por dos de sus grandes rivales.

Frente a la épica y el romanticismo que despertaron otros pilotos como Senna, conocido como Robin Hood, Schumacher responde a una lógica tan implacable que causa dolor entre sus adversarios. Ni la militancia en la pasional Ferrari ha dulcificado su imagen de frialdad, a gusto con la exigencia, siempre fiable, capaz de vencer en Imola un día después de la muerte de su madre. A sus 34 años, es el número uno y se ha rodeado del mejor equipo para suerte de la marca italiana, en la que, a diferencia de cuanto ocurre en Williams o McLaren, la jerarquía no se discute. Así de simple, así de sencillo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de octubre de 2003