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Crítica:VALENCIA | LA LIDIA

La cantera superó la prueba

La novillada de María Luisa fue de dos mitades, tanto por fuera como por dentro. Terciados los tres primeros y con cuajo de utreros el resto. Los de la primera mitad, tres engrasados e inagotables máquinas de embestir. Bravo hasta la incomodidad el primero; de gran calidad el tercero; y un segundo que se deslució por su poca fuerza. La otra mitad tuvo un aire distinto. Entero y algo violento el cuarto; con mucho aire de desafío el quinto; y distraído el sexto.

La calidad y la hondura fueron notas que Sergio Cerezos siempre puso por delante. Su asignatura pendiente: la espada. Por ella perdió trofeos. Al violento cuarto lo metió en la muleta y hasta se lo pasó con gusto por la izquierda. La endeblez del segundo deslució una labor tan larga como decidida de Juan Ávila. En el quinto se marcó un trabajo peleón y animoso. Al gran tercero lo toreó a placer Raúl Martí, sobre todo por el pitón izquierdo. Una paliza se llevó al banderillear al sexto, al respondió sin aminalarse.

Domínguez / Cerezos, Ávila, Martí

Erales de Mª Luisa Domínguez, bien presentados e interesantes. Sergio Cerezos: saludos tras aviso y ovación tras dos avisos. Juan Ávila: oreja tras aviso y oreja. Raúl Martí: oreja y oreja. Plaza de Valencia. 12 de octubre. 3ª de feria. Media entrada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de octubre de 2003