Periódicamente reaparecen las noticias de masacres en la República Democrática de Congo en una guerra que dura cinco años y contabiliza más de tres millones de víctimas civiles, constituyendo una catástrofe humana. En esta guerra (aquí el eufemismo conflicto es claramente una infamia) tenemos un actor disimulado y muy cercano. Son las transnacionales que -suministrando ingresos, servicios y armas a las facciones enfrentadas- son parte responsable de mantener la desestabilización de la zona.
Así, mientras a nadie parecen importar los derechos y la dignidad humana de los habitantes de ese país, las transnacionales se apropian sin obstáculos de sus riquezas: diamantes, wolframio, cobalto o el coltán, material imprescindible para la fabricación de teléfonos móviles. ¿Les suena?.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de octubre de 2003