En la página 14 del miércoles 8 de octubre, en el editorial titulado Menores y víctimas, se dice que parece ser que el Gobierno está dispuesto a una reforma rápida de la Ley Penal del Menor. Esa reforma se ciñe a dos aspectos muy concretos: personación de la familia de la víctima en el proceso y un internamiento más severo para los autores de delitos especialmente graves.
Quizás a través de este periódico pueda dirigirme a los señores ministros y señores diputados para que tengan a bien leer un escrito que se envió a los distintos grupos parlamentarios en enero del 2002. En dicho escrito se pedían unas mejoras de ayuda y asistencia a las víctimas de delitos violentos a incluir en la Ley Penal del Menor. Ahora que ustedes parece ser que van a reformarla tengan a bien leer ese escrito y si lo creen conveniente introdúzcanlo en la ley.
Muchas han sido las llamadas telefónicas que hemos hecho, interesándonos por que lo leyeran, pero hasta la fecha no le ha llegado el turno; sabemos que todos están muy ocupados, pero también sabemos que el pueblo los ha elegido para que nos escuchen a nosotros también.
Cuando te han matado a un hijo parece ser que tenemos la obligación de luchar, sí, de luchar, para que no vuelva a ocurrir lo mismo, evitar que haya más familias destrozadas.
A mi hijo Juan lo acuchillaron cuatro jóvenes, de ellos tres eran menores de edad. ¿Se les ha castigado lo suficiente? No, señores. Fueron juzgados en el 2001 con la nueva Ley Penal del Menor.
Estamos luchando por nuestros hijos muertos, pero también ustedes tienen que poner de su parte y escucharnos; entre todos, si ponemos de nuestra parte, podríamos mejorar la sociedad, pero para eso hay que querer. No son conscientes del dolor que produce la muerte de un hijo en estas circunstancias, si lo fuesen tendrían tiempo para leer lo que se les envía.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de octubre de 2003