Si bien no creo que sea efecto de la archiconocida globalización, la realidad es que se ha llegado a una situación irrisoria en lo referente a los vuelos peninsulares. Tan curiosa es que a mí, ciudadano barcelonés, me cuesta mucho más caro volar a Jerez o Sevilla que a cualquier otro aeropuerto europeo, siendo su precio equiparable al de algunos destinos transoceánicos.
Espero que el AVE haga competencia a las compañías aéreas en beneficio de todos los usuarios, ya que los gobiernos que nos rigen apartan la vista ante tal incoherencia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 2003