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CÁMARA OCULTA | NOTICIAS Y RODAJES

El 'glamour' de la Academia

A la española Academia de Cine le gusta el glamour. Ningún presidente de los que ha habido, incluido Borau, ha dado tanta brillantez a las ceremonias de los Goya como Aitana Sánchez-Gijón mientras rigió la Academia, incluso con aquel dichoso vestido de gala sin tirantes que lució junto al príncipe Felipe. O la siempre inquieta, distraída y carismática Marisa Paredes, que ha dado a sus presentaciones oficiales un punto mágico, entre cierto exotismo y buenas tablas. Ahora se nos va de la Academia. Empezó su mandato con los presuntos motoristas que compraban votos, y ha dimitido cuando sigue coleando el "¡No a la guerra!" de los últimos premios Goya. No lo ha tenido fácil. Pero entre la mala memoria generalizada y el hablar por hablar de tantos medios, se han llegado a publicar perrerías sobre su libre decisión de no seguir siendo la presidenta de nada.

No obstante, tal como está el patio, algo de lo que se ha comentado podría tener ramalazos de verosimilitud. ¿Cómo no creerse que los de TVE prefirieran negociar la próxima emisión de los Goya con gentes menos conflictivas? ¿O que los fondos de ayuda al cine pudieran estar condicionados a un cambio de la imagen profesional del cine español? Hasta se ha sospechado de la casualidad de que una semana antes hubiera dimitido Eduardo Campoy como presidente de los productores de cine, precisamente el mismo Campoy que pidió públicamente la cana cabeza de Marisa para ofrecérsela a las autoridades, tras la espontánea reivindicación que tuvo lugar en los famosos Goya. (Por cierto, que le ha reemplazado el experimentado Pedro Pérez, hombre de su confianza, que se propone resolver definitivamente las cuitas del cine con la Administración y las televisiones). Sustituir, pues, a la Paredes. Y tal como exige el reglamento, destituir por el mismo precio a los vicepresidentes Antonio Chavarrías y Joaquín Oristrell. Este último, por si fuera poco, ha dirigido la película Los abajo firmantes, donde insiste en el "¡No a la guerra!", caricaturizando de paso a la propia Marisa Paredes, en una divertida composición de la actriz Elvira Mínguez. ¡Que se destituya a cuantos incordian! (Hay precedentes, también en la tele.)

Marisa Paredes se ha ido por las buenas, porque no aguantaba más, lo que aquí no suele entenderse, aferrados como están ellos/as a sus cargos. Bullen las especulaciones rocambolescas, los dimes y los diretes, la política y sus ministros/as... Algo habrá en el patio, señores, cuando pocos se creen lo más sencillo: que la Paredes se ha ido porque está cansadísima. Lo contrario, por ejemplo, de Arnold Schwarzenegger, al que han elegido para gobernar California, ante el disgusto de los productores canadienses de cine, que ven peligrar sus "producciones furtivas", es decir, las hollywoodenses que aprovechan las ventajas económicas del vecino país del norte. Schwarzenegger, ex actor y ex Mister Universo, se los ha puesto de corbata a los canadienses dado su virulento nacionalismo californiano. El cine para la tierra que lo inventó.

Como los californianos Oscar, que han iniciado ya la polémica del año. Los cineastas (entre ellos, Almodóvar) se niegan a que, por mor de la posible piratería, los académicos no reciban en sus casas los vídeos de las películas candidatas, tal como han propuesto ahora los productores. ¿Cómo van a votar si no los académicos? La pelea está al rojo vivo: el jefe de los productores USA ha decidido que, proteste quien proteste, no se enviará ni un solo vídeo.

Mercedes Sampietro ha tomado provisionalmente el relevo de la Paredes. Le tocarán seguramente los Goya, para los que ya se están distribuyendo vídeos, y quién sabe qué otros líos, en este ambiente tan caldeado del cine español de nuestros días. La Sampietro también lo hará bien. Y tiene su glamour.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 2003