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Crítica:CRÍTICAS

Mayo del 69

Bernardo Bertolucci ha vuelto. Después de unos años instalado en el esteticismo de las grandes superproducciones y en cierto amaneramiento a la hora de contar sus historias, el enérgico director italiano ha regresado a la rabia de sus mejores películas, al apartamento para dos que era El último tango en París. De hecho, su nuevo filme se titula Soñadores, pero bien podía haberse bautizado como Apartamento para tres.

"Éramos antifascistas, aunque ni siquiera sabíamos lo que eso quería decir; nuestro antifascismo era algo teatral". Esta frase, escrita por Bertolucci en el año 1970 para La estrategia de la araña (su sexta película), puede servir para definir el espíritu inmerso en Soñadores y en sus tres personajes protagonistas: dos hermanos parisienses entregados a la sopa boba mientras sus padres andan de vacaciones, y un estudiante americano capaz de dejarse llevar por la confusión política y social que le rodea.

SOÑADORES

Director: Bernardo Bertolucci. Intérpretes: Michael Pitt, Louis Garrel, Eva Green. Género: drama. Reino Unido, Francia, Italia, 2003. Duración: 113 minutos.

Estamos en mayo de 1968. La película es un juego de emociones continuo, en el que el objetivo es sorprender al contrario con la pregunta más rebuscada, con la actitud más desinhibida, con el reto más jugoso. Los tres se dejan llevar por un espíritu libertario que contrasta con su comodidad real. Se asoman a la ventana y, al ver una manifestación de protesta contra las autoridades, se unen a ella en un gesto más operístico que concienciado. De hecho, lo que más les preocupa en la vida es que el cheque firmado por papá llegue a sus manos en buena hora.

Soñadores es también un juego cinéfilo y un juego sexual. Las referencias a multitud de películas son continuas en boca de este trío de locos por el celuloide. De Jules y Jim (ésta es más que evidente) a Banda aparte, de Josef von Sternberg a Buster Keaton, Bertolucci introduce estos momentos en su pantalla de una forma magistral, consiguiendo sortear la insoportable pedantería y que los flashes cinematográficos entren por los sentidos con una extraña dulzura. Por otro lado, la escalada sexual en las actitudes del trío les hace saborear los placeres más ocultos. Casi se puede decir que los protagonistas están más interesados por el 69 que por el 68.

Al frente del reparto, los guapos semidebutantes Louis Garrel y Eva Green, junto al habitualmente torturado y prometedor Michael Pitt (el criminal débil de Asesinato 1, 2, 3, de Barbet Schroeder, o el introvertido novio de Jem Lindley en Dawson crece). Bertolucci regresa así al universo de su mejor película, a su furibundo tango en París. Atrás ha quedado la afectación de obras como Belleza robada (1996), por no hablar de fracasos absolutos como El pequeño Buda (1993).

En contra de Soñadores sólo juega cierto estancamiento en su parte central y, sobre todo, la secuencia del intento de suicidio, tanto por la extraña motivación como por la resolución del acontecimiento otorgada por el director y su guionista (Gilbert Adair). Pero, a pesar de ello, Soñadores es sin duda lo mejor de Bertolucci en muchos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 2003