La pista que condujo a la policía a detener el pasado viernes, 10 de octubre, a Gustavo Romero, después de más de 10 años de cometer el doble asesinato de los novios Sara Dotor y Ángel Ibáñez, provino de un testigo protegido. Gracias a esa confidencia habían localizado hace unos meses una navaja con restos de sangre en la llamada noria Rabadán, en un sembrado de la famosa localidad vitivinícola manchega.
El arma fue hallada en el fondo del pozo por buzos de los Grupos Especiales de Operaciones (GEO) y entonces. Las pesquisas apuntaron entonces a Romero, quien poco después del hallazgo de los cadáveres de los novios se había ido de Valdepeñas (27.000 habitantes) a Canarias.
Tras ser denunciado el 13 de agosto de este año por malos tratos, fue encarcelado preventivamente y la policía, tras oír al testigo declarado, fue a por él. Romero se hundió y confesó ser el autor del doble crimen. El móvil, según la policía, fue "exclusivamente el robo", aunque luego se desencadenó "una situación violenta al ser reconocido por las víctimas". Ocurrió la noche del 19 al 20 de junio de 1993. Ibáñez, trabajador de una firma de aire acondicionado, y Dotor, costurera, habían salido a las 21.30 del pub Gala para pasear por el parque municipal. Antes se pasaron por una heladería de la calle Seis de Junio, la arteria principal de Valdepeñas, sobre las once de la noche. La pareja fue abordada en el parque, muy cerca de la vía del tren. Un testigo vio a Romero, sin reconocerlo entonces, fisgando a parejas, vestido con bermudas y camiseta blanca. Ibáñez intentó resistirse y defender a su novia. El caso pareció resuelto en octubre de 1993, cuando la Guardia Civil detuvo a siete jóvenes en la localidad toledana de Sonseca. Pero fueron liberados. Interior incluso ofreció, sin éxito, una recompensa de 25 millones.
Tras revelarse la identidad del supuesto doble asesino, las familias de las víctimas comprobaron con dolor que conocían a éste y a su familia. Pero uno de los peores momentos de esos 10 años de angustia fue cuando murió Eusebio Dotor, el padre de Sara, hace tres años y medio. "El pobre se murió sin saber quién mató a su hija", declaró la madre de la joven, Carmen Castellanos, cuando conoció la detención de Romero. Cinco años después, supuestamente mató a Rosana.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 2003