"¿Cuánto tiempo lo va a soportar?". Con este dramático titular abría ayer el diario The Times, junto a una enorme foto del rostro cansado y tenso de Tony Blair, el viernes, tras el Consejo Europeo celebrado en Bruselas. La molestia cardiaca padecida el domingo por el primer ministro británico, que le obligó a pasar varias horas ingresado en un hospital para tratarse una taquicardia, ha desatado una marejada de especulaciones sobre qué influencia puede tener ese incidente en la carrera política de Blair. Y en particular en su determinación, confirmada hace apenas unas semanas, de presentarse a un tercer mandato y acabarlo como primer ministro si gana.
La dolencia de Blair fue aparentemente muy menor, pero ha deteriorado su imagen de juventud y buena forma. Con 50 años y padre de un niño de corta edad, el cuarto hijo de su matrimonio con Cherie, el primer ministro ha mostrado un aspecto impecable pese a lucir unas sienes unos días más plateadas que otros. Ex fumador hace muchos años, moderado en la bebida y controlado en la comida, su longevidad política parecía depender de su voluntad de seguir.
Los médicos le prescribieron 24 horas de descanso. Blair acató la orden suspendiendo su agenda oficial, aunque estuvo trabajando de manera informal en su despacho y envió al ministro de Exteriores, Jack Straw, a los Comunes para que diera cuenta del Consejo Europeo de Bruselas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de octubre de 2003