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Editorial:

Ni verdad ni cariño

Los familiares de los 62 militares españoles que fallecieron en un Yak-42 ucranio quieren la verdad, toda la verdad que pueda conseguirse sobre aquel accidente. Y no sólo los familiares, sino todos los ciudadanos, que tienen derecho a conocerla y exigir responsabilidades a quienes tomaron las decisiones que condujeron al desastre. Los familiares, además, quieren "más tacto y cariño", según sus propias palabras. Pero Federico Trillo, el titular de Defensa, no ofrece ni una cosa ni otra; ni la verdad ni un mejor trato a las familias de los fallecidos. Y así llevamos cinco meses de contraste indignante entre las frases ampulosas y la realidad.

El último episodio es el desplazamiento de un grupo de familiares al escenario turco de la tragedia, en un viaje ofrecido por un club de fútbol, y no por Defensa, que les permitió encontrar en la zona del accidente enseres personales de los suyos, incluidas placas de identificación. Esto último prueba que, en contra de lo que dijo Defensa, la zona no fue "peinada" meticulosamente, e incluso abre dudas sobre la correcta identificación de los cadáveres entregados a las familias en féretros herméticamente cerrados. Trillo, que afirma comprender "el dolor de los familiares", debería preguntarse si con su actitud no lo está agudizando.

El Congreso ha conocido una serie de denuncias efectuadas por militares sobre las condiciones en las que se efectuaba el transporte aéreo del contingente español en Afganistán. Aluden a "puertas de emergencia totalmente obstruidas", "apariencia de deterioro y falta de mantenimiento" en un tren de aterrizaje y otros problemas, todos conocidos por los altos mandos, que señalaron que estaban afectando a la moral de la tropa. Pero Trillo aseguró que no existían quejas sobre la seguridad de estos vuelos, aunque sí sobre su confort. Y tan sólo suspendió el alquiler de estos aviones ucranios y rusos "a causa de la alarma social".

Los datos conocidos sobre aquel vuelo son infaustos. Uno solo de los fallos de información o de las irregularidades respecto a la caja negra, los seguros, el horario de la tripulación o las condiciones del vuelo es suficiente para preguntarse en qué condiciones trabajan nuestros soldados. Este Gobierno les asigna una serie de misiones en el exterior sin dotarles de los medios necesarios. Pero Aznar y los suyos piensan que lo irresponsable no es que las cosas funcionen mal, sino denunciar que las cosas funcionan mal y pedir que se arreglen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de octubre de 2003