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Reportaje:

De parque a mala hierba

El grupo municipal socialista de Castellón critica la degradación y el abandono del parque de Rafalafena

Cristales rotos. Papeles. Agua estancada. Más papeles. Vegetación descuidada. Desconchados. Más cristales rotos. Malas hierbas. Mesas destrozadas. Pintadas. Más pintadas. El parque de Rafalafena, uno de los más grandes de la ciudad de Castellón, costó 8,4 millones de euros (más de 1.400 millones de pesetas). Se encuentra en una zona de expansión urbanística, donde ya se ha informado de la necesidad de centros escolares. En la zona norte, junto a la alameda que conduce hasta la Basílica de la patrona de Castellón, el proyecto supuso una esperanza. El proyecto se ejecutó, el parque se inauguró, hace tres años, y hoy se presenta como un jardín olvidado y prácticamente abandonado. Sus escasos usuarios se encuentran inseguros, sensación acrecentada por el triste estado del parque. Y la cafetería no llegó, siquiera, a abrirse. El ayuntamiento convocó un concurso y la convocatoria quedó desierta.

La atención que desde el consistorio se presta al Parque de Rafalafena se percibe incluso en su página web, supuesto escaparate de todos los atractivos de Castellón, donde ni siquiera aparece.

Esta desatención fue ayer criticada por el grupo municipal socialista desde el que, al mismo tiempo, se han aportado una serie de medidas para que se convierta "en lugar de encuentro de la gente", tal como señaló el portavoz socialista Ignacio Subías. La primera pasa por el adecuado mantenimiento de las instalaciones. Además, propuso la "permeabilización" del recinto. Para otorgarle "la vida" que urgentemente necesita, Subías planteó organizar actividades lúdicas y culturales para niños y adultos, lo que ayudaría a que alguna empresa se quedase con la concesión de la cafetería. La instalación de bancos más cómodos y la creación de zonas con sombra son otras de las medidas que proponen los socialistas.

Todo para que el parque de Rafalafena se convierta en el espacio que debió ser desde un principio. Para que abandone las malas hierbas que hoy lo invaden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de octubre de 2003