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FÚTBOL | Liga de Campeones

"No ha sido un partido brillante"

Raúl reconoció el juego discreto y Guti se marchó sin hacer ningún tipo de declaraciones

Cuando de las gradas ya se habían ido todas las viejas glorias campeones de Europa, sobre todo los ye-yés de 1966, homenajeados por la visita del Partizán, el finalista derrotado entonces y ayer, en los vestuarios se producía la espantada. A Guti, no se sabe por qué razón, se le cruzó algún cable cuando quedaban menos de cinco minutos para el final del partido. El madrileño le hizo dos entradas consecutivas, por detrás y durísimas a Albert Nadj, el que fuera centrocampista del Betis. Incluso, mientras el medio serbio permanecía en el suelo, el madridista insistía en encararse con él. Después, Guti, todavía con cara de no estar muy a gusto con el mundo, salió por la zona mixta, una especie de curva compartida entre periodistas y jugadores, y no quiso hacer ningún tipo de declaración.

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A quien, sin embargo, no le importó analizar el choque fue a Beckham, su compañero de baile en el segundo tiempo en el centro del campo. "Guti y yo somos muy distintos, pero claro que podemos jugar juntos", observó el inglés, que se felicitó por haber encontrado casa en Madrid: "Muy importante para mi estabilidad" y por haber rebajado su contrato con la empresa de representación SFX: "Me voy a centrar sólo en el fútbol". El centrocampista se marchó renqueante porque sufre una contractura en su muslo derecho y, de hecho, estuvo más de media hora sobre el césped cojeando.

Tampoco Raúl, el hombre que anotó el tanto del Madrid, practicó la habitual huida de los jugadores blancos y reflexionó: "No hemos hecho un partido muy brillante, pero había que sacarlo adelante", dijo. Para el delantero la clave del choque fue no aprovechar alguna de las muchas oportunidades de las que dispuso su equipo: "Si hubiésemos metido el segundo ellos se hubiesen abierto, pero estando ahí tan cerca...". Otro de los argumentos esgrimidos por el delantero fue la "agresividad" con la que jugó el equipo serbio. Una actitud que, en opinión de Raúl, les había llevado a cometer "un par de penaltis que el árbitro no ha visto".

La agresividad observada por Raúl en el Partizan la negó su técnico, el alemán Lothar Matthäus: "Hemos jugado con miedo, muy timoratos. Nos ha impresionado demasiado el Bernabéu", aseveró el preparador. Matthäus, con la cara sanguínea enrojecida y una sonrisa medida, concedió que el resultado era "muy bueno" y se permitió dudar de que su equipo lo hubiese "merecido". Sin embargo, también apreció que sus jugadores se habían "centrado un poco más en el segundo tiempo". El entrenador aseguró que su equipo sólo sabe jugar "al ataque" y afirmó que "un técnico tiene que ser muy fuerte en el estadio blanco". Todos los mensajes de Matthäus seguían un largo proceso antes de llegar a los altavoces: primero un traductor alemán trasladaba las palabras del entrenador al serbio y, luego, un especialista en lenguas eslavas lo reproducía al español.

Mucho más breve fue Carlos Queiroz. Tan breve, que despachó con una sola frase su comparecencia: "No ha sido un partido con mucho ritmo, ni con intensidad. Pero hemos hecho lo que debíamos: controlar el balón y hacer oportunidades".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de octubre de 2003