Hace unos días leía en este periódico la protesta de unos vecinos de Torrelodones por la apertura de un edificio para enfermos mentales. Según mi opinión, conocedor de varias personas que tienen enfermedades de esta tipo (graves y crónicas), y no viendo síntomas de agresividad ninguna en ninguno de ellos, creo que los temores y/o rechazo de la gente es por pura ignorancia.
Aprovechando la ocasión, ya que recientemente fue el Día Mundial de la Salud Mental, quiero denunciar desde esta carta la falta de ayuda que tienen estas personas y el rechazo social al cual están sometidos. Por un lado a su poco apoyo por parte de la Administración, ya sea del Estado como la Autonómica (en cuanto a infraestructuras). Y por otro, entre sus propias familias por la presión a la que se ven sometidos, en unos casos por la dificultad de aprobación de tener alguien así en casa, o en otros debido al menosprecio y incluso a los malos tratos psicológicos que padecen, no creo que por maldad, sino por la impotencia y la falta de interés del enorme esfuerzo que requiere comprender a estas personas con estas dificultades al convivir con ellas.
Al fin y al cabo son personas como todos nosotros y tienen derecho a una vida digna, como todo hijo de vecino. Desde aquí sólo quiero pedir menos intransigencia y más solidaridad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de octubre de 2003