He leído recientemente que se están planteando acciones en Urgull encaminadas a "revitalizar" el monte: ascensores, miradores, cafetería, etc. Desde mi modesto punto de vista, Urgull no necesita de ninguna revitalización, lo que este monte aporta es ya muy valioso: tranquilidad, silencio, sosiego, paz. Urgull es una maravillosa válvula de escape para la ciudad, recorrer sus senderos hasta la cima es un regalo a la vista, el olfato y los sentidos: hay petirrojos, jilgueros, mirlos, abubillas y más.
Paseando por su cara norte parece que estemos a kilómetros de la ciudad porque solo se oye el viento y el mar. Hay maravillosos rincones donde poder leer, tomar el sol, o retozar en compañia. Sería una gran pérdida para la ciudad que esto cambiase, y me temo que con las actuaciones que una y otra vez se barajan Urgull perdería todo su encanto. Vivimos en una época en la que se promociona la vida saludable, el deporte, y el no sedentarismo, y sin embargo se plantean cosas que van en la dirección contraria. Urgull no es el Chomolungma (Everest), sólo tiene unos 90 metros, muy lejos de los 8.840 del pico del más alto del mundo.
Subir Urgull caminando es un esfuerzo nimio, un paseo agradable que se puede realizar por senderos con escasa pendiente a la vez que realizamos un ejercicio sano y ligero ademas de ser la mejor manera para amar y conocer este monte. Subiéndolo en ascensor o de cualquier otra manera cómoda, ni lo conoceríamos ni lo apreciaríamos. Comprendería que se habilitase algún tipo de transporte para personas discapacitadas o muy mayores, pero de ningún modo esta justificado que se le facilite el acceso a la población en general. No ganaría nadie y perderiamos todos. Por favor, si se quiere revitalizar el monte, que se haga desde el cariño al mismo y sabiendo trasmitir lo que ofrece; dejémonos de actuaciones que lo despreciarían y lo ultrajarían.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de octubre de 2003