Lo esencial del discurso de Artur Mas, sencillo que no simplista, se puede resumir así: por una parte la política catalana tiene que determinarse en Cataluña y, por otra, el Gobierno de CiU no tiene preferencias a la hora de pactar, pacta con quien manda en Madrid.
Este discurso sería aceptable si los electores prescindiéramos de dos detalles. Uno, que es difícil convencernos de que la "gota malaya" de Maragall pida permiso de algo a Madrid -de momento ya ha hecho entender la España plural al conjunto del PSOE- y dos, que lo importante del pacto no es con quién, sino ¿para qué? Pactar con las manos atadas el voto de las leyes del PP a Madrid para mantenerse en el Gobierno de Cataluña no es lo mismo que pactar en beneficio del bien común.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de octubre de 2003