Los sondeos dijeron lo que el PP quería oír, que iban a ganar las elecciones con mayoría absoluta. Con 56 o 57 escaños, según el pronóstico más modesto, o con 57 o 58, según el más optimista. Los sondeos encargados por el partido les daban también ese resultado desde el viernes. Antes, hace algunas semanas, cuando Mariano Rajoy fue proclamado líder del PP, había estudios de opinión que llevaban la ventaja hasta los 60 escaños, aunque la dirección del PP sabía que semejante resultado era una ficción.
Anoche llegó la hora en que enmudecen las encuestas y empezó el escrutinio. El recuento real. Y mientras avanzaba, entre las ocho y las 11 de la noche, se repitió, detalle a detalle, la situación de hace cinco meses. Con el 10% escrutado, con el 25%, con el 50%, con el 75%, con el 80%... ganaba, y por mucho, la suma de PSOE e Izquierda Unida. Bien es cierto que, como en mayo, la distancia a favor de la izquierda se iba recortando muy poco a poco a medida que avanzaba el escrutinio. Algunos recordaban que en mayo los populares también pronosticaron que en el último minuto lograrían el escaño 56, el que da la mayoría absoluta, y entonces no lo consiguieron.
La diferencia ayer era que el avance del PP sobre la izquierda iba un poco más rápido. "En mayo, con el 75% íbamos por 52 y ahora ya tenemos 53", comentaba con más voluntad que confianza real uno de los colaboradores que Mariano Rajoy se ha llevado a Génova para tratar con la prensa.
La clave, en todo caso, estuvo en el recuento de las primeras 150 papeletas de las mesas que "miden la media" de la votación. Esas mesas, que controlan los partidos elección tras elección, pronosticaron como seguros los 56 escaños. Así, poco después de las nueve y media, cuando el silencio se había adueñado en Génova de los portavoces oficiales, una fuente que no suele fallar adelantó: "56 escaños, seguro". El recuento oficial iba en aquel momento, todavía, por 50-51.
El lento y aparentemente complejo escrutinio y el creciente escepticismo que se adueñó de los periodistas que seguían la noche electoral llevó a que, al filo de las 10 de la noche, la coordinadora de organización del PP, Ana Mato, compareciera para reiterar la confianza de su partido en lograr "una mayoría suficiente".
Mato parecía bastante nerviosa y no admitió ninguna pregunta de los medios de comunicación. En el PP habían avanzado que alguien saldría a comentar los resultados a las nueve, luego dijeron que a las nueve y media y después lo dejaron para las 10.
En todo caso, el pronóstico de los sondeos resultó demasiado optimismo. Como en mayo, las encuestas no apreciaron que hay cierto voto oculto. Si hace cinco meses era voto oculto del PP, ayer lo fue del PSOE. Sorprendentemente, hay gente que contesta a los encuestadores que ha votado a quien cree que va a ganar, pero luego vota lo que quiere.
El resultado de ayer, además, deja muy abierto el panorama político para las elecciones de marzo. No se ha producido ningún desplome del PSOE, aunque sí una bajada. Y el ascenso del PP no permite darlo todo por ganado de aquí al próximo marzo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de octubre de 2003