La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a 53 años y 11 meses de prisión a G. T. S., un hombre que durante varios meses violó y abusó sexualmente de su hijo, menor de edad, y de otros tres jóvenes de entre 13 y 15 años, algunos de ellos amigos del chico, drogándoles y emborrachándoles previamente para someterle a sus vejaciones.
Así lo acuerda una sentencia de la Sección Sexta de la Audiencia madrileña que considera al acusado autor de dos delitos continuados de violación, un delito de corrupción de menores en su variedad de utilización de menores para elaborar material pornográfico y otro de corrupción de menores en su variedad de hacer participar a un menor en un comportamiento sexual que podría afectar a su desarrollo.
Del mismo modo, le condena por provocación sexual en su modalidad de exhibición de material pornográfico, por un delito de abuso sexual y otro del mismo tipo continuado, y, finalmente, por un delito contra la salud pública. Además, Gonzalo T. S. deberá indemnizar a tres de las víctimas con 90.000 euros a cada una y a otro de los menores con 3.000.
Según el fallo, los hechos objeto de juicio ocurrieron entre 1992 y 2001 en Móstoles, donde residía el imputado (actualmente en prisión por estos hechos). En su domicilio, el procesado drogó a sus víctimas -una de ellas su propio hijo- dándoles alcohol, hachís y medicamentos para dejarles inconscientes.
La sentencia indica que el condenado conoció en julio de 1992 a una chica de 15 años a la que, después de convencerla para que fuese a vivir con él, agredió sexualmente varias veces. También, en diciembre de 2001, emborrachó a un amigo de su hijo que se quedó a dormir en su casa y a continuación le violó.
Sesiones fotográficas
Además de las agresiones, el procesado sometió a algunos de los menores a sesiones fotográficas con claro contenido sexual y pornográfico. Igualmente, solía mostrar a las víctimas películas y material del mismo contenido, llegando a contratar a una prostituta para que mantuviera relaciones con un amigo de su hijo.
Aprovechaba momentos en los que los agredidos se encontraban solos en su domicilio para realizarles tocamientos después de emborracharles y para mostrarles fotos o películas pornográficas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de octubre de 2003