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"La Administración echa la pelota a los centros"

Rafael Gallego (Córdoba, 1963) es miembro de la Asociación Granada Laica, un grupo que se preocupa por "evitar la intromisión de los poderes públicos en aspectos que corresponden a la libertad de conciencia y religiosa de las personas". Gallego, catedrático universitario, entró en contacto con el movimiento laicista durante una estancia profesional en Estados Unidos. Este ingeniero insiste en que no es bueno asociar laicismo con izquierda.

Pregunta. Las quejas de los padres respecto a los símbolos religiosos en las aulas se hacen por lo bajo, ¿por qué?

Respuesta. El problema de los padres es crítico. Los padres no quieren ser personas conflictivas ni con los tutores de su niño, ni con los tutores de su centro, ni con sus maestros. La situación en el colegio puede ser muy delicada. Muchos padres, sencillamente, se están aguantando y no se quieren significar. Por algún motivo, cuando alguien quiere quitar un crucifijo de un centro, siempre hay alguien que se siente concernido.

P. ¿Y cuál es el papel de la Administración?

R. Debería tener un papel activo porque deberían dar instrucciones claras a los centros educativos en el sentido de que cada cosa debe estar en el sitio que le corresponde. Hasta ahora, el papel de la administración es pasivo y, a veces, de echar la pelota a los propios centros. La Administración ha cometido el error de convertir una cuestión de derecho en un asunto de mayorías.

P. ¿Qué puede hacer un grupo como el suyo?

R. Para empezar, que se conozca el problema. Mucha gente ha estado callada mucho tiempo y ha parecido que había consenso social en este asunto. Eso lo han usado los clericalistas para ganar cuotas que son inadmisibles.

P. ¿Se resolverá este asunto?

R. Es un asunto a largo plazo. Queremos que la situación cambie bastante respecto a lo que hay ahora, al menos en cuanto al poder tan fuerte de la Iglesia católica.

P. ¿A qué achaca el poder de la Iglesia católica?

R. En la transición se intentaron acuerdos que no implicaran rupturas intransigentes. Estamos en lo que algunos llaman un Estado criptoconfesional: confesional en la práctica aunque en la forma se intente vender como aconfesional.

P. ¿Existe un movimiento laicista fuerte en Andalucía?

R. Los laicistas hemos cedido mucho estos últimos 25 años. Esa acomodación ha hecho que quienes propugnan una mayor implicación de la Iglesia en los poderes públicos ha ido copando cada vez más poder y esto, al menos, ha movilizado a los grupos laicistas y al laicismo que existe en organizaciones políticas, sindicatos y asociaciones de padres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003