Galería Olímpica del estadio de Montjuïc, ayer, 19.30 horas. Rodeado de las figuras inanimadas que utilizó La Fura dels Baus en la ceremonia de inauguración de los Juegos y de otras figuras algo más animadas, aunque no mucho, del deporte español contemporáneo, Josep Piqué expone sus ideas para dinamizar el sector. Como suele hacerse en estos casos, remite a las cerca de 1.000 propuestas contenidas en 250 páginas de su programa electoral, pero no se observa a nadie de los presentes precipitándose para consultarlas.
Someramente, Piqué se refiere a los dos millones de catalanes que practican deporte ("al menos una vez por semana"), a los 700.000 inscritos en alguna federación deportiva y a las cerca de 1.500 entidades esparcidas por el país. Promete para los deportistas políticas concretas en lugar de debates ideológicos -¿se refiere a las selecciones catalanas bajo senyera andorrana?, no lo especifica-, fomentar la relación entre deporte y turismo, y crear una Universidad del Deporte a fin de profesionalizarlo y formar cuadros de gestores preparados.
Colocado en un lateral discreto, Juan Antonio Samaranch asiente discretamente. Hay presidentes de federaciones, algún deportista -Jordi Villacampa-, algunos directivos de la cosa: Santiago Fisas, Romà Cuyàs y, el más solicitado para la foto, Joan Laporta, muy ceñido en su traje oscuro y en su papel institucional. Cuando se le pregunta cómo ha visto la campaña en materia deportiva -ha asistido a todas las presentaciones de las distintas opciones políticas-, responde lo obvio: "Yo estoy aquí en representación institucional". Jesús, ni que uno le hubiera preguntado por la medalla del Barça a Franco, Franco, Franco, que diría Manolo.
Piqué se ha mostrado bastante más suelto en todo el acto. Incluso ha confesado, en un arranque de sinceridad, que su hijo -"que corre por aquí"- es perico. ¡Toma pluralidad! Y en ese momento me explica el colega Cué una anécdota sobre el hijo, el padre y el presidente barcelonista que contó hace unos días el candidato.
Resulta que Piqué, poco después de las elecciones a la presidencia del Barça, invitó a cenar a su casa a Joan Laporta, para conocerle. El niño, en un momento en que su padre se había levantado de la mesa, le aclaró a Laporta que su papá había votado a Lluís Bassat. Sin pelos en la lengua.
Por cierto, ayer Piqué júnior preguntaba a su padre por qué no estaba allí su presidente futbolístico, Daniel Sánchez Llibre. Muy posiblemente porque se hallaba en el trajín de fichar a De la Peña, segunda parte. Ahora bien, tratándose de un acto que tenía lugar en el estadio Olímpico, realmente no hubiera estado de más que el presidente españolista asistiera. Aunque fuera para dar una alegría al crío.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003