La sentencia de un tribunal de Barcelona que ha declarado a un trabajador culpable de haber quedado tetrapléjico, a pesar de que la empresa no había dispuesto de las correspondientes medidas de seguridad, no es un caso aislado. También se ha conocido estos días una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana que pone los pelos de punta. La sala de lo social del TSJ ha denegado un incremento de la pensión a una aprendiza, cuya mano quedó atrapada en una máquina trituradora de carne, por entender, con parecido criterio a los jueces de Barcelona, que fue responsabilidad de la trabajadora.
Lo más preocupante de la cuestión es sospechar que esas resoluciones judiciales son consecuencia de los tiempos que corren, de la permeabilidad de los jueces ante un estado de opinión social bastante extendido. Si fuera así, estaríamos ante un darwinismo jurídico que se correspondería con el social y que haría de la ley de la selva la norma suprema.
Repasemos las cifras. El año pasado murieron en España 1.104 personas en su puesto de trabajo, además de otras 453 en los desplazamientos. Más de 11.000 trabajadores sufrieron heridas graves y hubo casi un millón de bajas laborales por accidentes. España es el país con mayor cifra de accidentes de trabajo de la Unión Europea y casi duplica la media comunitaria.
Sin embargo, el tema de la siniestralidad laboral para nada aparece en los estudios de opinión que periódicamente recogen las preocupaciones de los ciudadanos. Según las encuestas, el paro y el terrorismo son los dos asuntos que más preocupan a los españoles. Pero curiosa y desgraciadamente el miedo al paro está en el origen de la gran mayoría de los accidentes laborales. Enrique Pociños, el albañil tetrapléjico al que los tribunales han denegado la indemnización, aseguró que no pidió que le facilitaran arneses y redes de seguridad porque le habrían despedido. Esa relación entre inseguridad en el empleo e inseguridad en el trabajo, se pone de manifiesto también cuando se observa el impacto de los contratos temporales en los accidentes. El número de accidentes laborales de los trabajadores indefinidos casi se triplica en el caso de los temporales, de 45 por cada mil, cuando se tiene un tipo de contrato, a 121 por cada mil, cuando se es víctima de los otros contratos .
Estadísticamente hay una desproporción entre la gran repulsa social que genera el terrorismo (indudablemente justificada y clave en su desarticulación) y este otro terrorismo laboral, asumido con un conformismo difícilmente comprensible que favorece la tolerancia y alienta algunas sentencias. En 1979 y 1980, que fueron los años de mayor barbarie terrorista, murieron a manos de ETA 84 y 100 personas, respectivamente. Durante el pasado año las víctimas mortales de ETA fueron cinco personas y durante el presente, tres. Esa desproporción entre el rechazo que genera ambos fenómenos estaría en parte explicada por las diferencias en la culpabilidad. Pero el hecho de que la siniestralidad laboral sea un accidente y la barbarie terrorista, un asesinato no acaba de explicar el fondo del asunto. En lo que va de año han muerto ya ochenta mujeres víctimas de la violencia doméstica, sin que este otro terrorismo haya provocado una reacción popular acorde con la intensidad de dichos crímenes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de noviembre de 2003